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martes, 2 de junio de 2020

PÁGINA 126


En algo así como en diagonal noroeste, Coralto no supo si siguió a Alan o a Andrés, pero sus propios otros ojos lo observaron con desconfianza, incierto de haber cometido una elección mal guiada. En eso, dos guardias reales se aparecieron desde el otro pasillo paralelo, y la velocidad de la persecución aumentó, con los muchachos respirando entrecortado. Conocedores de los secretos del entramado de corredores, los encontraron rápidamente, por lo que debió ser un atajo, y armados para ofensiva en la aridez del caleidoscópico paisaje, no dudaron en atacar. Coralto ofreció su cuerpo como escudo en un intento de salvar a su amigo, y quedó atravesado por una especie de lanza en el medio del estómago. El sobreviviente negó dolido y gritó por ambos cuando lo vio caer rendido, incrustado contra su amorfo duplicado, y por un segundo se detuvo pagando en culpa lo que Coralto lloraba en sangre. Pero este último se negó a que él corriera su mismo destino.

— ¡Corré, boludo! Que no te agarren, regresá por donde viniste—le ordenó, y antes de llegar a verlo sucumbir, obedeció. El de áurea cabellera y el viajero se desvanecieron en formas muy asimétricas, aunque en unísono.

 

(Sigue en la página 89)

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