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domingo, 31 de mayo de 2020

PÁGINA 107


Se plantaron en frente de la visión bestial y fueron ordenados y amenazados a decir sus últimas palabras antes de su condena por irrumpir a la fuerza en el palacio. Alan respetuosamente pidió que les señalen el camino para retirarse de los dominios reales, para así invitarse solos fuera de su vista, y consiguió que se les rieran en la cara. Lo más extraño fue escuchar a la reina reconocer un estrato superior en la jerarquía, obligándolos a arrodillarse ante alguien contra una pared, alguien que no les quedaba claro quién debía ser. El círculo más íntimo de asistencia y seguridad presente en la alcoba, rindió culto en la dirección que la sentada en el trono señalaba.

—Si quieren escapar, intrusos, quedaran sus futuros en los caprichos de su majestad—accedió con voz demoniaca, y a su manera, sin interrumpir su labor, hizo una reverencia al espejo gigante. — ¡Denle poder! —pidió, y de un cablerío que llegaba a otra habitación, una luz del averno encendió el marco dorado.

—Ojalá los juzgue sin clemencia—los maldijo, y los empujaron hacia la imagen pulsante.

 

(Sigue en la página 97, y después en la 117)

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