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domingo, 31 de mayo de 2020

PÁGINA 111


Se convencieron de que la siguiente iba a ser la única alternativa y se descubrieron ante la grotesca imagen de la reina, duplicada por un espejo gigante en la pared opuesta, enmarcada de libros. La sentada en el trono les arrojo lo que tuvo al alcance, como si fueran ratas que se colaron en su habitación, y el impacto de uno de esos proyectiles astillo el vidrio, facilitándoles la idea con lo que justo necesitaban. Tomaron los cristales rotos más filosos y grandes que pudieron levantar y los arrojaron a la cara de la criatura. Con una voz monstruosa, se mostró imperturbada por sus ataques, pero más horrorizada por su insolencia.

— ¡¿Qué hacen con su Majestad?! ¡Los tratará con desgracia por este crimen, reúnan a la altísima! —ordenó, y a su pedido el séquito de guardias armados se presentó en la escena. El trio de viajeros se dispuso a dar pelea con sus dagas reflectantes, y consiguieron lanzarlas con precisión contra sus enemigos, pero tanto alboroto cansó a la suprema líder. Se escuchó un estruendo sobre sus cabezas, y lo último que vieron fueron libros llover sobre la alfombra. La agonía sentida fue doble al imitarla el arquetipo con deformaciones por la herida sufrida. Les tiraron la araña colgante encima, y el peso de las joyas más caras les trituró los huesos.


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