(Viene de la página 21)
— ¿Qué dijo, Lec? —le preguntó el Ocultista al experto, a lo cual (desde
la derecha del Mecánico, quien tenía mente, cuerpo y alma en su trabajo en ese
momento) él rápidamente respondió:
—“Los Rebeldes tiraron dos Recolectores, uno ahora en su poder.
Recuperen todo de inmediato, y ejecuten a los responsables” —tradujo con voz
apagada, cargada de terror, igual que las miradas que lo recorrieron mientras
hablaba.
—No hay tiempo que perder. Ustedes seis, llévense a Andrés ahora hacia
la Torre, y no se detengan por nada del mundo, después los alcanzamos—dijo el
líder, señalando al Ocultista, Comunicación, el Historiador, el Espía, el
Ilusionista y el Cristalero, haciendo que se quedaran estupefactos ante la loca
idea de separarse de los demás.
— ¡Ahora! —ordenó Dirección. Con las últimas miradas los adioses fueron
dichos, las suertes fueron deseadas, y expresados los deseos de volverse a ver.
Todos entendieron que había posibilidades de no reencontrarse con sus amigos
(así como las había de no salir vivos) si no se iban de inmediato, así que eso
hicieron. Un grupo de Recolectores junto a un ejército de humanos bajo hipnosis
se hicieron visibles en el extremo opuesto de la calle. Sin un segundo más que
perder, cuatro de los que debían irse se subieron encima de la máquina, lo más
rápido que pudieron, y los otros lograron encontrar un punto seguro desde el
cuál mantenerse de pie debajo del robot, parándose sobre las firmes
terminaciones de los tentáculos. Salieron disparados a toda velocidad.
Ø Seguir a Andrés en la página 43
Ø Seguir con Alan y Coralto en la página
26
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