(Viene de la página 44)
—…Y quieren que uses tus poderes para que ellos sigan una pista falsa el
tiempo suficiente para perderlos—explicó
Comunicación. El grupo de Andrés estaba detenido frente a la torre de
Transmisión, con el Recolector inmóvil, todos atentos al plan que recitaba el
interlocutor. Al Viajero le resultó una idea peligrosa. No alcanzaba a
imaginarse lo mal que estarían los demás para pedirles un desafío semejante.
—Quieren saber si estás dispuesto, Eli, porque no van a aguantar mucho tiempo.
Él suspiró un momento, considerando la dificultad de la petición, pero a
pesar de no tenerse confianza se dio cuenta de que era necesario que lo
intentase. Iba a ser una tarea titánica, pero la tendría que llevar a cabo si
querían volver a ver al otro grupo con vida.
Él accedió tras un largo suspiro nervioso. Temblaba y se sentía desmayar
un poco, y tenía la frente brillante de lo ansioso que estaba.
—Muchachos, a rescatar a los otros. Comunicación, ya sabés lo que tenés
que hacer—ordenó el Ocultista, mientras todos volvían a subirse al Recolector
menos él y Andrés, que no entendía lo que sucedía. —Sé fuerte muchacho, sabes
cómo llegar a la base, confío en que lo harás bien. Todos tenemos que hacer
grandes sacrificios ahora que los Viajeros están con nosotros, hay que hacer
todo lo que podamos para tomar esta Ciudad, aunque nos cueste la vida.
Comunicación accedía a lo que parecía una misión suicida y mientras los
otros lo esperaban a él a que se subiera para marchar, Andrés les dirigió una
mirada sorprendida y ofendida cuando Comu daba unos pasos hacia atrás y
contemplaba la torre con decisión:
— ¡¿Lo vamos a dejar solo?! — gritó el Viajero.
— ¡No podemos esperar a que termine de pasar el mensaje, ¿estás loco?!
¡Tenemos que irnos ahora o los otros no sobrevivirán! —Lo regañó el Ocultista.
Miró una vez más al rebelde que estaban por dejar afuera, quien estaba por
entrar a la torre, y luego al grupo subido al Recolector. Sin decir más, se
subió al último tentáculo por debajo del robot y cuando los demás estuvieron
seguros de que ya podían marchar, el Recolector salió de nuevo invisible y se
alejó de la torre.
Comunicación entró a la casa y se dispuso a
cerrar la puerta tras sí para asegurarse de que nadie lo viera, pero se llevó
un tremendo susto cuando alguien no lo dejó.
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