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miércoles, 8 de enero de 2020

PÁGINA 36


(Viene de la página 11)                                                                   

 

Por esa dirección elegida, los muchachos deambularon toda la tarde interminable besados por la estrella que rehuía a esconderse. Los granos de arena eran segundos que n acababan, haciéndose montículos que se apilaban en el reloj. Si el horizonte dorado, plagado de manifestaciones extrasensoriales en ese mundo significaba una infinidad, se trataba de una ardiente vuelta al mundo. Cuando la visión y el lejano rugido del viento que rara vez llegaba, les empezó a jugar trucos en la mente, creyeron en el inminente arribo/avistamiento de un vehículo terrestre descapotable. La esperanza fue más grande que la desilusión, y a diferencia de otros espejismos, este no desaparecía con la cercanía; al contrario, se hacía más ruidoso y real, más corpóreo.

Cuando estuvo a su lado y pudieron palpar el calor que hacía hervir la carrocería, ya no les quedó más que observar a la conductora en busca de respuestas:

—Los placeres en el país del espejo escasean, pero suban: tengo agua, un destino…no es para desperdiciar. ¿Quiénes son, desertores?

Después de introducirse, el viaje en el vehículo lleno de oportunidades varias parecía una salvación, pero Andrés le hizo saber en privado a su reflejo que la coincidencia de encontrarse con el camino de otra desertora parecía algo sospechoso. ¿Podrían darse el lujo de confiar en ese mundo?

 

Ø  Continuaron por su cuenta con una indicación 45, o

Ø  se subieron al descapotable 77.

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