(Viene de la página 11)
Por esa dirección elegida,
los muchachos deambularon toda la tarde interminable besados por la estrella
que rehuía a esconderse. Los granos de arena eran segundos que n acababan,
haciéndose montículos que se apilaban en el reloj. Si el horizonte dorado,
plagado de manifestaciones extrasensoriales en ese mundo significaba una
infinidad, se trataba de una ardiente vuelta al mundo. Cuando la visión y el
lejano rugido del viento que rara vez llegaba, les empezó a jugar trucos en la
mente, creyeron en el inminente arribo/avistamiento de un vehículo terrestre
descapotable. La esperanza fue más grande que la desilusión, y a diferencia de
otros espejismos, este no desaparecía con la cercanía; al contrario, se hacía
más ruidoso y real, más corpóreo.
Cuando estuvo a su lado y
pudieron palpar el calor que hacía hervir la carrocería, ya no les quedó más
que observar a la conductora en busca de respuestas:
—Los placeres en el país
del espejo escasean, pero suban: tengo agua, un destino…no es para
desperdiciar. ¿Quiénes son, desertores?
Después de introducirse,
el viaje en el vehículo lleno de oportunidades varias parecía una salvación,
pero Andrés le hizo saber en privado a su reflejo que la coincidencia de
encontrarse con el camino de otra desertora parecía algo sospechoso. ¿Podrían darse
el lujo de confiar en ese mundo?
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