(Viene de la página 53)
El muchacho controló de nuevo su
Recolector-Centinela para guiar los tentáculos hacia atrás y sin darles tiempo
a nadie para preguntar qué pretendía, accionó de nuevo dos disparos láseres
prolongados y los mantuvo así, impulsando al grupo hacia adelante. Parecían
ahora un avión a chorro, yendo más veloces de lo que nunca habían visto correr
uno de esos robots; pero no podrían escapar solo con eso, y Mec lo sabía.
Cuando pasaron a toda velocidad por debajo de uno de esos grandes relojes
colgantes de ciertas esquinas, él tuvo otra idea que podría funcionar.
— ¡¿Qué pasaría si tiramos algunos
relojes para obstaculizar un poco el paso?! —Preguntó mirando hacia el infierno
que tenían detrás. Toda una avalancha mortal sin fin no paraba de sumar adeptos
a su caso.
— ¡Lo que sea pero hacé algo! —Gritó
Tiempo, y Mec no necesitó otra respuesta. Con uno de los láseres cortó un
péndulo y luego hizo que el tentáculo volviera a servirle de propulsión. A
pesar de avanzar con rapidez, pudieron ver que el desastre que hizo la enorme
estructura metálica al caer había valido un poco la pena.
— ¡Estupendo Mec, te superás! —Lo
felicitó Dirección. — ¿Pero cómo vamos a perderlos? —Agregó más para sí, viendo
que incluso tirando abajo todos los relojes y dejando una ola de destrucción y
caos en la persecución, los enemigos seguían reacios a dejarlos ir.
—Tengo una idea, ¡pero
necesitaríamos a Eli para ese plan! —le respondieron.
— ¡¿Qué?! ¡Eli no está con nosotros,
Mec, no juegues con cartas que no tenemos! No podemos usar su ayuda.
—Ya sé, pero hablá con Comu, pedile
que nos encontremos con el otro grupo en algún punto. Si nos tiramos del robot
en movimiento y nos unimos con los otros, Eli podría fingir que seguimos en
este Centinela, lo suficiente como para que lleguemos a la base.
—Ellos perseguirían a esta máquina
hasta que los poderes de Eli se difuminen, y para cuándo se den cuenta de lo
que pasó, ya nos habríamos ido—terminó de razonar Dirección. Se lo quedó
mirando unos momentos, y luego miró la perdición que los seguía, invencible, y
pensó. Mientras el grupo tiraba abajo relojes, y los ataques aplastaban
edificios en su afán de abatirlos, Dirección cayó en la cuenta de que no habría
otra opción y accedió a hablar con los demás.
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