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sábado, 30 de mayo de 2020

PÁGINA 55

(Viene de la página 53)                                                                     

 

El muchacho controló de nuevo su Recolector-Centinela para guiar los tentáculos hacia atrás y sin darles tiempo a nadie para preguntar qué pretendía, accionó de nuevo dos disparos láseres prolongados y los mantuvo así, impulsando al grupo hacia adelante. Parecían ahora un avión a chorro, yendo más veloces de lo que nunca habían visto correr uno de esos robots; pero no podrían escapar solo con eso, y Mec lo sabía. Cuando pasaron a toda velocidad por debajo de uno de esos grandes relojes colgantes de ciertas esquinas, él tuvo otra idea que podría funcionar.

— ¡¿Qué pasaría si tiramos algunos relojes para obstaculizar un poco el paso?! —Preguntó mirando hacia el infierno que tenían detrás. Toda una avalancha mortal sin fin no paraba de sumar adeptos a su caso.

— ¡Lo que sea pero hacé algo! —Gritó Tiempo, y Mec no necesitó otra respuesta. Con uno de los láseres cortó un péndulo y luego hizo que el tentáculo volviera a servirle de propulsión. A pesar de avanzar con rapidez, pudieron ver que el desastre que hizo la enorme estructura metálica al caer había valido un poco la pena.

— ¡Estupendo Mec, te superás! —Lo felicitó Dirección. — ¿Pero cómo vamos a perderlos? —Agregó más para sí, viendo que incluso tirando abajo todos los relojes y dejando una ola de destrucción y caos en la persecución, los enemigos seguían reacios a dejarlos ir.

—Tengo una idea, ¡pero necesitaríamos a Eli para ese plan! —le respondieron.

— ¡¿Qué?! ¡Eli no está con nosotros, Mec, no juegues con cartas que no tenemos! No podemos usar su ayuda.

—Ya sé, pero hablá con Comu, pedile que nos encontremos con el otro grupo en algún punto. Si nos tiramos del robot en movimiento y nos unimos con los otros, Eli podría fingir que seguimos en este Centinela, lo suficiente como para que lleguemos a la base.

—Ellos perseguirían a esta máquina hasta que los poderes de Eli se difuminen, y para cuándo se den cuenta de lo que pasó, ya nos habríamos ido—terminó de razonar Dirección. Se lo quedó mirando unos momentos, y luego miró la perdición que los seguía, invencible, y pensó. Mientras el grupo tiraba abajo relojes, y los ataques aplastaban edificios en su afán de abatirlos, Dirección cayó en la cuenta de que no habría otra opción y accedió a hablar con los demás.

 

(Sigue en la página 73)

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