(Viene de la página 8)
Alan despertó repentinamente
en su habitación, tomando aire con violencia. Los primeros minutos, su mente
re-ordenó los hechos ocurridos en busca de una respuesta a la sensación que lo
embargaba. Cuando dio con un dejo de calor en su mano, producto de haberse
conectado con la de alguien muy similar a él, se incorporó y corrió a verse en
el espejo del baño. Su reflejo le devolvió lo esperado, no atendió a sus
llamados, no fue independiente, no necesitó su ayuda como en el sueño que
acababa de tener.
Convencido de haber tenido
una experiencia muy rara pero producto de su imaginación, hizo tripas corazón y
se dejó arrastrar por el día, los quehaceres, el hambre y la cotidianeidad de
su vida. No recordaba qué día era, pero convencido de tener tiempo libre, una
persona lo sorprendió llamando de improviso a su puerta. Anonadado, al abrir
vio al atractivo muchacho que había intentado sonsacarle información del
espejo...pero esta vez no venía solo. Con sus secuaces, tomaron a Alan por
sorpresa y lo arrastraron forcejeando hacia el interior de su propia casa. El
dueño se defendió cómo pudo, intentó incluso que le dijeran qué querían, pero
pronto cayó en la cuenta de que eso no era un robo. Lo arrimaron a las
cercanías del espejo, y al objeto lo colocaron en el suelo, reflejando el
techo. El doble detrás del vidrio esta vez sí fue independiente, pero impotente
desde ese lado. Nada pudo hacer salvo atestiguar cómo a Alan lo sujetaron de
sus cuatro extremidades, y luego lo despacharon hacia el marco ornamentado para
que golpeara a su reflejo y ambos cayeran hacia el techo irreal, y cuando ese
falso límite cedió, hacia una oscuridad inusitada.
Cuando el dúo abrió los
ojos, les costó ver y comprender qué y dónde ocurría. Una rápida inspección les
descubrió que la penumbra no era total, sino que una tenue bioluminiscencia
estaba allí para permitirles ver el mundo que habitaban, uno excavado en la
tierra con criaturas oyéndose en la cercanía.
Una hormiga obrera dobló
el túnel de la izquierda y se les antepuso, era del tamaño de una vaca, y para
su sorpresa, moviendo las antenas les comunicó algo que oyeron en sus mentes y
solo ahí.
—Han despertado, humanos.
Nos hemos enterado de que fueron arrojados al País del Espejo a la fuerza y
lamentamos mucho lo ocurrido. Mi colonia tiene la orden de no atacarlos, sean
libres de recorrer estos túneles a gusto. Encontrarán lo necesario para
recuperar energías, pero tengan cuidado de no tocar los hongos de luz...
Y tan rápido como vino, se
alejó. Era evidente que estaban en un sueño, una obrera no podía tener ese
tamaño ni comunicarse con ellos. Pero algo en Alan le hizo querer aventurarse a
soñar. Manteniendo distancia de las amenazas del reino fungi, Alan se interesó
por conocer a Andrés, su reflejo, y descubrió de su vida un paralelismo con la
suya hasta ser capturado entre los límites del marco-portal. Incluso le detalló
las circunstancias de su originalidad, al haber adoptado el nombre de su abuelo
y que hubiera sido el mutuo por nacimiento antes de un cambio de parecer, una
de las tantas alternativas del destino. Ambos reflexionaron sobre las
dimensiones y experiencias en ese sueño compartido, que se sentía real, vívido,
y que ningún pinchazo ni pellizco lo daba por finalizado. Resolvieron continuar
con el delirio, ver a dónde los llevaba, y buscar una salida ni bien les fuera
posible. Recorrieron los túneles en rápida inspección para barajar sus
opciones:
Ø Un pasillo dio a la guarida de la Reina, en
la página 63.
Ø Un pasadizo los dejó en un reservorio
acuífero, en la página 72.
Ø Un túnel los dejó en pleno centro de ciudad
Hormiga, en la página 87.
No hay comentarios:
Publicar un comentario