(Viene de la página 17)
—Bueno…la cuestión con el desierto es que tiene fin…o, más bien, tiene comienzo.
¿Recuerdan ese declive en el relieve del suelo, el que da hacia esa zona esclavista y con las criaturas metálicas que vieron? Bueno…ese es, por decirlo de alguna manera, uno de los pocos límites que tiene este universo. Imagínense, para entender mejor todo lo que les digo, un círculo. Imaginen ahora que ese círculo es como si fuese…un pastel, cortado en varias partes. Nosotros estamos encima de una de esas porciones, en contacto con las otras, pero que si queremos ir hacia el borde exterior de la torta, para caer sobre un plato, supónganse, no lo encontraríamos nunca. Algo así es este mundo. Hay una de las porciones que es el desierto, que tiene un vértice, un comienzo, pero que…por más que trates de encontrarlo, no tiene un fin.
Es una situación bastante paradójica y difícil de explicar, pero uno puede desplazarse hacia otra línea paralela, que sí tiene límites…pero se conecta con otra que no los tiene, como el desierto. Si tan solo tuviera el mapa—se lamentó, pero Andrés lo contuvo…
—Majestad, no creo que eso importe mucho ahora…nos basta con saber que estamos en una especie de limbo. Ahora díganos… ¿hay alguna manera de salir?
—Em…bueno…no hay salidas en un círculo, ¿o sí?
—Pero usted también dijo que este mundo era como muchas líneas paralelas…con comienzos pero sin fines…y si hay maneras de ir de un comienzo a otro comienzo…
—Hijo…yo no creo que nadie conozca este mundo enteramente, porque tendría que ser inmortal. La mejor manera de entender dónde están, es ignorando el hecho de que jamás encontrarás algo hacia el sol que no sea desierto, o algo al ocaso que no sea océano.
—Pero… ¿usted nos está queriendo decir que nos quedaremos en este mundo por siempre? ¿Que no nos volveremos a encontrar con nuestras familias, que no regresaré a mi casa, que viviré dentro de este espejo por siempre, que todo lo que logré en la facultad, en mi vida, todo…se perdió?
—Bueno…se rumora que una desertora conoce… ¿Esperá…qué dijiste?
— ¿Yo? ¿Qué dije?
—Eso de…tu vida, tu casa, tu familia… ¿recordás todo eso?
—Sí, recuerdo mi infancia, todo hasta caer dentro del espejo y dar con ustedes… ¿por qué?
—Nadie en la tribu sabe absolutamente nada de su pasado antes de llegar a la Infinidad…pocos, como yo, hemos llegado a recordar algo más que nuestros nombres. Por ejemplo, yo llegué acá al morir, y recuerdo ver a mi reina a mi lado como lo último, sentado en un trono enfrente a un séquito de personas, pero no recuerdo mucho más…ni tampoco cosas concretas, tan solo efímeras y borrosas imágenes…vaya, pero que ustedes recuerden todo es…no puedo creerlo…
—Bueno, yo en particular tampoco recuerdo más que mi nombre…de hecho, he dudado en estos días que verdaderamente me llame como creo... —dijo Coralto.
—Pues, en ese caso…supongo que ustedes dos son muy especiales, chicos...no solo por ser los primeros en llegar a este mundo luego de tantos años, sino también por ser los únicos que han traído recuerdos de sus vidas pasadas. Cuénteme un poco, ¿cómo es ese mundo suyo del que vienen?
(Sigue en la página siguiente)
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