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sábado, 30 de mayo de 2020

PÁGINA 11


        Semejante situación parecía empezar a cobrar sentido y, exaltado, Alan puso la llave en el cerrojo y la giró dos veces. La luz y el aire fresco de un radiante día de primavera los invadió. Andrés respiró aire puro, miró detenidamente el sol, y besó la tierra fría bajo sus pies. 

        — ¿Vos decís que esto será una versión reflejada de mi barrio?—preguntó Alan. Su doble hizo un gesto con los hombros de no estar completamente seguro. Luego asintió, suponiendo la afirmativa, y le preguntó con la mano "¿Por qué?" 

        —Ya vuelvo—Alan entró a la casa y volvió a los pocos minutos con dos mochilas repletas de cosas que podrían necesitar...aún no estaba seguro de si ése era tan solo un lugar al revés, un mundo contrario. Andrés quiso entender su plan, pero no pudo, no hasta que él le hizo una seña con la mano, y solo se quedaron mirando hacia el horizonte. 

        Se había levantado viento, uno que parecía moverse arrastrando arena, y las casas del frente se empezaron a desintegrar, a volverse arena con el viento. Todas en la cuadra comenzaron a perderse por allá hacia donde sea que el viento se dirigiese, y rápidamente comprendieron: era cuestión de tiempo. 

        El muchacho con las mochilas corrió hacia adentro y sacó todo lo que pudo, pero era tarde. Las casas, las calles, las plantas, la tierra, los autos, todo se volvió arena. Ahora, como si de un momento a otro todo se lo hubiese llevado un huracán, un enorme y al parecer infinito desierto se alzaba ante ellos. 

        Solos, sin otra compañía más que el viento y el sol, uno pensó y el otro dijo: 

        —No vamos a sobrevivir. 



Ø  Si decidís que comiencen a caminar hacia el Este, sigue en la página 12.

 

Ø  Si optás porque se dirijan hacia el Oeste, continúa en la página 24.

 

Ø  Si la mejor ruta, para vos, es el Norte, también lo será la página 36.


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