(Viene de la página 63)
En el sótano donde el
astro mayor no alumbraba, la dimensión sonora daba prueba de un perverso ritual teniendo lugar en el
que la voluntad de alguien inocente era violentada. Bien guardados en secreto
artificioso, los sonidos mecánicos provenían de ese lugar, empleados en un
propósito indecible, sumando tormentos. Desorientada, la consciencia bloqueó el
presente, cuando el testigo parpadeó para hallarse victimario en la escena
pueril en proceso. Los sesos ardieron de dolor, negación, resistencia eufórica,
espuma de la boca, y penurias peores. La empatía los llevó a experimentar la
agonía como un desasosiego lúcido desde los dos extremos.
Alan no pudo soportar ni
por él ni por la víctima, y consiguió patear el aparato que lo había convertido
en victimario. Liberada, se dio a la fuga sin decir una palabra, dejándolo
solo. Necesitando una distracción, se puso a estudiar la tecnología que tenía
en frente, a plantearse teorías: ¿Creaba esa máquina un campo de atracción casi
imbatible, más fuerte que la gravedad? No...alteraba el flujo mismo del tiempo,
creando un bucle. ¿No había conocido a un Coralto al que lo había atrapado la
misma fuerza? Tenía que salir de ahí, solo o como fuera, así que en un ataque
de desesperación, se obligó a correr.
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