(Viene de la página 26)
— ¡Ganaste!—gritó Mec, y puso su pie
en las manos que le ofrecían para subir hasta el lomo del pulpo robótico.
Dirección se tomó de uno de los tentáculos, justo cuando los hombres
hipnotizados comenzaron a saltar, golpear, y correr hasta chocarse contra la
burbuja. El Recolector con Alan y Coralto salió impulsado hacia adelante a toda
velocidad, y la gente que estaba intentando inútilmente destruir el campo de
fuerza fue empujada hacia atrás con gran fuerza, tirándolos al suelo. El
Invasor gritó de nuevo una orden a toda voz, haciendo vibrar la tierra bajo sus
pies, y el grupo tuvo que desviarse del camino que siguieron los otros, ya que
una multitud los esperaba en esa dirección. Mec guio su robot a través de una
calle vacía, pero el gigantesco ello
con vista luminosa comenzó a seguirlos, y los obligó a tomar una decisión,
porque era seguro que no podrían hacerse camino hacia la Torre pasando por
entre el mar de autómatas.
— ¡Hay que desviarnos y perderlos!
—Les gritó Mec a sus compañeros— ¡No podremos arriesgarnos a que encuentren a
los otros! —Y justo cuando pensaban que las cosas no podrían ponerse peor,
frente a ellos, a solo una cuadra, llegó la artillería pesada: los Centinelas.
Eran una especie de Recolectores avanzados, que no solo podían controlar
humanos, capturarlos y dar caza a los Rebeldes, si no que estaban equipados
para hostilmente disparar rayos de calor de sus tentáculos. Pero Mec tenía un
as bajo la manga.
— ¡Son Centinelas! —gritó un
insurrecto, sabiendo de lo que eran capaces— ¿Qué vamos a hacer?
—El nuestro ahora también lo es—dijo
el operador, presionando un botón que de pronto dio vida a los tentáculos y los
hizo apuntar hacia sus contrincantes. Ellos dispararon primero, los tres al
mismo tiempo, desatando una lluvia láser contra ellos, pero el campo de fuerza
probó su efectividad y desvió cada rayo impactado hacia los lados. Y cuando fue
su turno, el campo dejo pasar los disparos hacia afuera y pudieron abrirse paso
entre los Centinelas cuando estos ardieron en llamas y perdieron el control.
Cayeron al suelo e hicieron volar chispas. El grupo alcanzó a celebrar la
pequeña victoria por apenas unos momentos, pero más autómatas, Recolectores, y
humanos los esperaron tras ellos, por doquier.
—Va a hacer falta un
milagro—sentenció Tiempo, mirando a sus enemigos aparecerse. Parecía que la
población entera de la Ciudad Gris iba tras ellos ahora.
—No, solo ingenio y suerte—volvió a
decir Mec, confiado, mientras comenzaron a mandarles manotazos y fuertes golpes
hacia el campo de fuerza que a duras penas parecía resistir.
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