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sábado, 30 de mayo de 2020

PÁGINA 53

(Viene de la página 26)                                                                     

 

— ¡Ganaste!—gritó Mec, y puso su pie en las manos que le ofrecían para subir hasta el lomo del pulpo robótico. Dirección se tomó de uno de los tentáculos, justo cuando los hombres hipnotizados comenzaron a saltar, golpear, y correr hasta chocarse contra la burbuja. El Recolector con Alan y Coralto salió impulsado hacia adelante a toda velocidad, y la gente que estaba intentando inútilmente destruir el campo de fuerza fue empujada hacia atrás con gran fuerza, tirándolos al suelo. El Invasor gritó de nuevo una orden a toda voz, haciendo vibrar la tierra bajo sus pies, y el grupo tuvo que desviarse del camino que siguieron los otros, ya que una multitud los esperaba en esa dirección. Mec guio su robot a través de una calle vacía, pero el gigantesco ello con vista luminosa comenzó a seguirlos, y los obligó a tomar una decisión, porque era seguro que no podrían hacerse camino hacia la Torre pasando por entre el mar de autómatas.

— ¡Hay que desviarnos y perderlos! —Les gritó Mec a sus compañeros— ¡No podremos arriesgarnos a que encuentren a los otros! —Y justo cuando pensaban que las cosas no podrían ponerse peor, frente a ellos, a solo una cuadra, llegó la artillería pesada: los Centinelas. Eran una especie de Recolectores avanzados, que no solo podían controlar humanos, capturarlos y dar caza a los Rebeldes, si no que estaban equipados para hostilmente disparar rayos de calor de sus tentáculos. Pero Mec tenía un as bajo la manga.

— ¡Son Centinelas! —gritó un insurrecto, sabiendo de lo que eran capaces— ¿Qué vamos a hacer?

—El nuestro ahora también lo es—dijo el operador, presionando un botón que de pronto dio vida a los tentáculos y los hizo apuntar hacia sus contrincantes. Ellos dispararon primero, los tres al mismo tiempo, desatando una lluvia láser contra ellos, pero el campo de fuerza probó su efectividad y desvió cada rayo impactado hacia los lados. Y cuando fue su turno, el campo dejo pasar los disparos hacia afuera y pudieron abrirse paso entre los Centinelas cuando estos ardieron en llamas y perdieron el control. Cayeron al suelo e hicieron volar chispas. El grupo alcanzó a celebrar la pequeña victoria por apenas unos momentos, pero más autómatas, Recolectores, y humanos los esperaron tras ellos, por doquier.

—Va a hacer falta un milagro—sentenció Tiempo, mirando a sus enemigos aparecerse. Parecía que la población entera de la Ciudad Gris iba tras ellos ahora.

—No, solo ingenio y suerte—volvió a decir Mec, confiado, mientras comenzaron a mandarles manotazos y fuertes golpes hacia el campo de fuerza que a duras penas parecía resistir.

 

(Sigue en la página 55)

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