Después de ese
catastrófico episodio, los muchachos regresaron con los otros rebeldes y al no
haber evitado ninguno de los desastres que debían erradicar, comenzaron a complotar
un plan para apoderarse de la Ciudad Gris, aunque lo creían casi imposible con
la presencia del séquito real dominando las calles. Lo que sí parecía factible
era lograr sacar de la hipnosis a las personas, siquiera por un momento, para
demostrarles que no dominarían a la
humanidad por siempre, y tras un descanso merecido, se armaron para lo que
podía llegar a ocurrir.
Alan, Andrés,
Coralto y el grupo de rebeldes se dirigieron al Centro por los túneles sin
vigilancia, e intentaron desmantelar la melodía de la manipulación, pero pronto
descubrieron que sus herramientas podrían tan solo enviar órdenes contrarias en
una frecuencia similar. La Torre de Transmisión se empleó amplificando su
poder, encriptando su procedencia, y aunque su efectividad no alcanzó a
contrarrestar la de la corona, se supo que esa noche un número importante de
transeúntes, mujeres y niños desarmaron filas. No obedecieron a los
Recolectores ni a los Centinelas, y la insurrección sumó adeptos no solo entre
los Ciudadanos Grises sino entre la Tribu del desierto y los esclavos de la
Infinitud.
Los despiertos hablaron al mismo tiempo en
contra de los opresores. Ellos
terminaron percatándose de lo que podía estar causando ese comportamiento, y
descifrados los encubrimientos, fueron hasta la Torre, donde no encontraron a
nadie. Igualmente, la destruyeron hasta los cimientos. Cuando sonó de nuevo la
música en el ceniciento emporio, ya no
surtió el mismo efecto, y muchos se rindieron ante el ritmo somnífero, que les
imposibilitó atarear.
— ¿Cómo puede
terminar ahí la historia si los humanos quedaron en control de los dueños del
planeta? Pensé que este era tu sueño, Alan—escuchó. Los recuerdos de esos
instantes quedaron retorcidos. Una escena famosa se le vino a la mente. En un
mundo que no era lo que parecía, la estatua de la libertad, gigantesca, yacía
enterrada hasta el pecho en la arena. Eternamente prisionera, permaneció
apacible, contemplando la urbanización gris devenirse a Capital.
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