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sábado, 30 de mayo de 2020

PÁGINA 6

(Viene de la página 5)                                                                      

Alan se acercó a él, lo contempló y puso sus manos encima, deteniendo su danza. Revisó cada rincón de su casa, y no encontró a nadie ni a nada que pudiese haber causado tal movimiento. Cuando regresó, el espejo se estaba moviendo otra vez, tal como antes, y otra ráfaga de viento helado cruzó la habitación. Pero ésta vez, lo golpeó de lleno. Fue cuando descubrió que había dejado una ventana abierta, y que el viento había movido el espejo, como él razonaba.
Las casualidades no existen. Él no le dio la suficiente importancia, y hasta lo terminó por olvidar. Lo que si siguió ocurriendo, es que aunque fuera en ese lugar en donde estaba la calefacción, era la habitación más fría, y nunca lo comprendió, porque era solo un poco más espaciosa.
Como fuere, Alan se vio obligado a cumplir con la promesa que les había hecho a sus padres, y los invitó a comer. Temprano, compró todo lo necesario, y antes de que ellos llegaran, mientras brillaban los últimos rayos de sol, se terminó por convencer: “Ojos que no ven, corazón que no siente" se dijo. Debería aprender que uno no puede estar seguro de que si los ojos no ven, los oídos no escuchen, o las bocas no divulguen, o el corazón no termine por sentirlo.
Entrada la luna, ya brillando un par de estrellas más, el timbre sonó, pero él no escuchó ningún vehículo afuera.
—Soy yo, Alan, Maxi—contestó un muchacho detrás de la puerta. Él lo recordó como su compañero, el que estaba sentado a su lado desde el primer día, y se solían hablar durante clases o cambios de horas. Era raro que supiese donde él vivía.
— ¿Cómo supiste que yo...?—le preguntó al abrirle la puerta.
—Eh, bueno, se lo saqué a tu amigos... ¿estás sólo? ¿puedo pasar?—le contestó, más informándole que pidiéndole permiso, puesto que adelantó un pie calzado de negro en la puerta, y se mostraba demasiado desabrigado para una noche de Junio.
Sus encantos  fueron demasiados como para denegar la invitación. Alan le ofreció asiento, pero le dijo que tendría que ser rápido ya que esperaba visitas, siempre sin especificar que se trataba de sus padres.
—No va a ser mucho tiempo...— mintió, mientras sentado en la mesa fingía acomodar sus libros y cuadernos. — Decime, Alan, ¿es cierto que te mudaste hace poco?
— ¿Qué es eso que me querías preguntar?
— Ese es un cuadro muy lindo, ¿dónde lo compraste? Las cortinas son exquisitas y...—fingiendo sorpresa repentina al "verlo", puesto que ya le había echado más de una mirada, comentó—Ese es un espejo…precioso. Grande, rústico, yo diría elegante. ¿Ese también fue un regalo?
—Una herencia.
—Bisabuelo materno, ¿me dijiste? ¿Cómo se llamaba? ¿Era un fabricante acaso?
Lo sentenció levantándose de su asiento e invitándolo a seguirlo a la puerta—ahora no es el momento...
Seguía mirándolo a él, y al espejo, y luego a él, y de nuevo a ese objeto que tanto llamaba su atención.
—Toda una reliquia, ¿eh? Bueno, Alan, gracias igual...


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