BITÁCORA ESPACIAL I
Es el primer día en la nave
almacén. Ese es el nombre práctico para una flota que transporta a todos los
que sobrevivimos al holocausto hacia un 'lugar mejor'. Mejor hasta que lo
volvamos a destruir, se entiende. No sé cuántos somos, pero no debemos ser
muchos. El censo oficial, los números reales no los conoce nadie, nos basamos
en supuestos. Nos dieron la opción de pasar el viaje en hipersueño o
mantenernos despiertos. Soy uno de los pocos que eligió esto último. Perderme
tantos años casi me parece un desperdicio. Pretendo disfrutar cuánto me sea
posible de este viaje, soy optimista al menos en ese sentido. No voy a dejar
que esto arruine mi vida. Es solo una mudanza. Una mudanza de toda la humanidad
hacia un planeta posiblemente habitable.
Estoy con un grupo de 50
otros locos que permaneceremos despiertos. En realidad, no vamos a estar todo
el tiempo así, porque llegaríamos viejos a destino. Durante los momentos de
sueño y cese de actividades en la nave, entraremos en breves períodos estáticos
que nos proporcionarán el mismo descanso y a la vez nos adelantarán un poco en
el reloj, según nuestra elección. Hay un equipo trabajando para nosotros,
asegurándose de que durmamos, comamos y nos mantengamos sanos, ya que para todo
eso dependemos de nosotros mismos, no como todos los otros bellos durmientes.
No conozco a nadie aún, si
bien creo haber oído un par de nombres, y por el momento no estoy muy
interesado en hacer amigos. Llegará el momento, no obstante, en que me veré
forjado a hacerlo, a tener aliados, compañeros o allegados con quienes
conversar para despejar mi mente. Nos informaron de lo peligroso que podría
llegar a ser dejar trabajar nuestras mentes en soledad. En realidad, les
importa más mantenernos a todos con vida que la calidad de vida en la que nos
mantengamos. A mí ya todo me importa muy poco. Si estamos en este penoso viaje
es por culpa de ellos, de los que exprimieron de la Tierra hasta la última gota
de vitalidad y ensuciaron hasta la última molécula de oxígeno hasta que no
pudimos vivir más allí. Quizás sea mejor estar en hipersueño, no lo sé. Estoy a
tiempo de ponerme a dormir y dejarme llevar, pero me parece una salida cobarde.
No sé. Me da la sensación de que estaría demasiado bajo su poder, ¿pero no es
así como siempre hemos vivido?
Tengo esperanzas para este
viaje, después de todo. Nuestro nuevo hogar nos espera y alegan que no van a
cometer los mismos errores, que habrá más control de los desechos y que se
tratará de mantener todo más ecológico, natural, real. Puras idioteces, pero al
menos tendremos algo de qué aferrarnos cuando comiencen a destruir todo. Por
ahora, me iré a comer algo y ver al lado de qué otro desgraciado me tocará
dormir.
Me llamo Andrés.
(Sigue en la página 22)

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