↓↓↓↓↓↓

martes, 8 de julio de 2014

PÁGINA 16


BITÁCORA ESPACIAL I

 

Es el primer día en la nave almacén. Ese es el nombre práctico para una flota que transporta a todos los que sobrevivimos al holocausto hacia un 'lugar mejor'. Mejor hasta que lo volvamos a destruir, se entiende. No sé cuántos somos, pero no debemos ser muchos. El censo oficial, los números reales no los conoce nadie, nos basamos en supuestos. Nos dieron la opción de pasar el viaje en hipersueño o mantenernos despiertos. Soy uno de los pocos que eligió esto último. Perderme tantos años casi me parece un desperdicio. Pretendo disfrutar cuánto me sea posible de este viaje, soy optimista al menos en ese sentido. No voy a dejar que esto arruine mi vida. Es solo una mudanza. Una mudanza de toda la humanidad hacia un planeta posiblemente habitable.

Estoy con un grupo de 50 otros locos que permaneceremos despiertos. En realidad, no vamos a estar todo el tiempo así, porque llegaríamos viejos a destino. Durante los momentos de sueño y cese de actividades en la nave, entraremos en breves períodos estáticos que nos proporcionarán el mismo descanso y a la vez nos adelantarán un poco en el reloj, según nuestra elección. Hay un equipo trabajando para nosotros, asegurándose de que durmamos, comamos y nos mantengamos sanos, ya que para todo eso dependemos de nosotros mismos, no como todos los otros bellos durmientes.

No conozco a nadie aún, si bien creo haber oído un par de nombres, y por el momento no estoy muy interesado en hacer amigos. Llegará el momento, no obstante, en que me veré forjado a hacerlo, a tener aliados, compañeros o allegados con quienes conversar para despejar mi mente. Nos informaron de lo peligroso que podría llegar a ser dejar trabajar nuestras mentes en soledad. En realidad, les importa más mantenernos a todos con vida que la calidad de vida en la que nos mantengamos. A mí ya todo me importa muy poco. Si estamos en este penoso viaje es por culpa de ellos, de los que exprimieron de la Tierra hasta la última gota de vitalidad y ensuciaron hasta la última molécula de oxígeno hasta que no pudimos vivir más allí. Quizás sea mejor estar en hipersueño, no lo sé. Estoy a tiempo de ponerme a dormir y dejarme llevar, pero me parece una salida cobarde. No sé. Me da la sensación de que estaría demasiado bajo su poder, ¿pero no es así como siempre hemos vivido?

Tengo esperanzas para este viaje, después de todo. Nuestro nuevo hogar nos espera y alegan que no van a cometer los mismos errores, que habrá más control de los desechos y que se tratará de mantener todo más ecológico, natural, real. Puras idioteces, pero al menos tendremos algo de qué aferrarnos cuando comiencen a destruir todo. Por ahora, me iré a comer algo y ver al lado de qué otro desgraciado me tocará dormir.

 

Me llamo Andrés.

 

 

(Sigue en la página 22)

No hay comentarios:

Publicar un comentario