(Viene de la página 65)
Comunicación
se sacó de inmediato los auriculares y asustó a su compañero cuando en seguida
se puso a gritar y hacerse paso veloz entre los aparatos, arrojando el
micrófono a un lado y actuando.
— ¡Ya está, pibe! ¡Ahora corré! —Los dos fueron hasta la entrada del sótano, pero en vez de subir las escaleras y salir de bajo-tierra, Comu se dirigió debajo de estas y abrió una pequeña compuerta que descendía incluso más. Una desagradable pestilencia salió del pasadizo, pero era más humedad que otra cosa, y Andrés no pudo detenerse a pensar porque Comu en seguida lo empujó por la compuerta y tras arrojarse él también, la cerró y trabó desde dentro. Cuando encendieron la linterna, vieron que se trataba de un largo pasillo bastante estrecho y con algunos charcos de agua en el suelo, con cañerías cruzando por las paredes y el suelo y goteras cayendo de algún lugar, formando más charcos. El dúo comenzó a correr por el pasadizo a toda la velocidad que les dieron las piernas, y se encontraron avanzando mucha distancia ya que aparentemente recorrían la ciudad en diagonal y no paralelos a una calle. Para cuando ya no pudieron correr más y caminaron más lentamente, cayeron en la cuenta de que si hasta entonces no habían escuchado ni sentido nada, probablemente no los habían ido a buscar al sótano.
Se escondieron en una casa vacía cuando retornaron a la superficie, y comieron algo por un momento. Comunicación le confesó que había elegido ese lugar interludio para poder enseñarle algo de utilidad de camino a la base. No lo quiso asustar, y lo dejó investigar por su cuenta, en un glosario fantástico, la lírica onírica que podría emplear. Incluso lo puso frente a un cuenco con agua y otro con un metal en estado líquido, y Andrés pudo experimentar. (En la página 100)
Justo cuando
creyeron que podían salir, una banda de Recolectores barrió el vecindario, y
debieron esconderse rápidamente en un cobertizo venido a menos, en un muy
íntimo intercambio de respiraciones alteradas pero silenciadas ante la menor
señal de riesgo. Cuando los segadores se fueron, finalmente consiguieron arribar
a la base rebelde, dónde se encontraron con los demás.
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