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sábado, 30 de mayo de 2020

PÁGINA 43

(Viene de la página 23)                                                                    

 

Lo último que vieron de Alan, Coralto y su grupo, fue que el Defensor se encargaba de envolverlos en una burbuja impermeable y resistente. Andrés creyó ver luces acercándose al grupo, cuyos movimientos aumentaban de nerviosismo y velocidad segundo a segundo, y luego se oyó un estruendo, la tierra vibró y con ella la ciudad: el Invasor había vuelto a hablar. Y entonces, nada. La imagen de ellos se volvió un punto cada vez más iluminado, más difuso, con más movimiento, hasta ya no verse en la distancia.

Solo entonces, el “viajero” se volvió hacia adelante y pudo darse cuenta de lo rápido que se movían a través de los edificios, esquinas, autos volcados, de algún grupo ocasional de humanos con sus Recolectores vigía, y de relojes colgantes. Ninguno de los demás era consciente del peligro por el que estaban pasando entre los enemigos. Al darse cuenta de que más de una vez los habían tenido lo suficientemente cerca como atacarlos, habló dudoso: — ¿Por qué…? Qué, ¿no pueden vernos?—susurró acercándose, aún sentado, al Ocultista, observando como de pronto doblaban por una esquina y pasaban a escasísimos metros de los inconfundibles y éstos ni se inmutaban.

—El Ilusionista se está encargando de eso…nos mantiene invisibles, y tan audibles como una brisa…aunque por eso está allá abajo y no dice una palabra. Necesita estar muy concentrado para que la ilusión funcione y dure lo necesario. Lo ha hecho antes en varias oportunidades, pero nunca podemos estar seguros de que funcionará de la misma manera. Entran en juego qué tan nervioso se ponga, la amplitud de alcance, que además sea inaudible…son muchas cosas. Y esta es la primera vez que tiene tanta presión encima el pobre chico.

El mencionado era uno de los tres que colgaban debajo de los tentáculos de metal, junto al Cristalero, puesto en el grupo por precaución, y el Espía, quien desde allí vigilaba y era capaz de percatarse de qué tan efectivo era el espejismo en este caso.

— ¿Y sus poderes consiguen despistar hasta a los Invasores mismos? Los humanos hipnotizados deben ser pan comido, y los otros son robots, no presienten que algo no cuadra, pero ellos… ¿seguro que no nos ven en absoluto? —inquirió Alan, preocupado.

—Si te soy sincero…no. Por eso tenemos al Cristalero. Las cosas se pueden poner feas de un momento a otro, muchacho, hacés bien en estar alerta. Afortunadamente, solo faltarán unas pocas manzanas más antes de poder alejarnos del centro y estar más seguros en las periferias. Y de ahí, no es un largo camino. Esperemos que los demás estén bien. Confío en Mec, él habrá tenido listo el otro Recolector en un santiamén, y Defensor sabe lo que hace, los mantendrá a salvo hasta el final…

 

(Sigue en la página 44)


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