El Cristalero y el
Defensor encabezaron la emboscada. De por si los aposentos más íntimos de la
realeza no tenían un metro cuadrado sin cinco soldados listos para batallar. La
alcoba emparedada en literatura era alimentada con energía mediante un cableado
particular. Pero la escena se empecinó en mostrarles a la criatura más
monstruosa siendo agasajada entre áureas exquisiteces, dando a luz
constantemente a una raza inferior, indigna de heredar el trono. Sin descuidar su
labor, los atacó al verse amenazada, arrojándoles lo que tenía al alcance. El
Defensor estaba ocupado manteniendo a los alfiles, los caballos y las torres
alejados, que estallaban en furia y prometían cosas horribles si algo le pasaba
a su Majestad. El Cristalero desestabilizó una enorme araña incrustada de joyas
y la usó para escudarlos. Se le ocurrió que usada como un arma amenazadora,
podía surtir efecto para la interrogación. En un esfuerzo que lo hizo casi
desfallecer, apuntó a la garganta de la agasajada en el instante mismo en que
la altísima se inclinó hacia adelante para atacarlos más certera. El matricidio
quedó efectuado sin darle chance a negociar su rendición. Desviados del plan,
Cris manipuló el espejo gigante frente a la que agonizaba mientras el marco
dorado brilló con cada matiz de luz que escapó de la que, juraron, sería
vengada. El portal se abrió para permitirles un escape con destino incierto, y
un torbellino de imágenes se les presentó en su mirar, entretanto giraban hacia
un cierre con fogonazos estroboscópicos. En plena transportación, un fulgor
cálido se ofreció cercano, tentador, y...
Ø ...eligió ese resplandor en la 84
Ø ...regresó por donde vino en la 89
Ø …se enfrentó a la fatalidad en la 115
Ø ...leyó
el registro alternativo en la 64
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