(Viene de la página 7)
Alan no entendió de qué se
trataba, pero se conocía a sí mismo así de desesperado. Se había aprendido
demasiado sus propias expresiones. Los ojos de aquel ser no contenían
intenciones escondidas
El reflejo se desesperó a
más no poder, mientras el cuarto desaparecía de atrás hacia adelante dejando
sólo oscuridad a su paso. Así mismo, la habitación real sufría cambios, pero de
índoles diferentes. Como incitándolo a caer, estaba empezando a cambiar de
posición, girando sobre sí misma, desafiando al hombre real en peligro, al
mismo tiempo que el viento lo estaba succionando más y más hacia el cristal.
El doble hizo una última
seña y estiró la mano, buscando la de su contraparte. De alguna manera, el
brazo real traspasó el vidrio de agua y tomó la del otro. La oscuridad pronto
cubriría al irreal, tirándolo quien sabe a dónde, mientras que la gravedad
estaba a sólo segundos de tirar al otro hacia la nada también.
Fue entonces que el cuarto
quedó en posición vertical. Alan se resbaló de la pared en la cual se sostenía
de pie y antes de caer pudo sostenerse del marco del espejo. Todo su cuerpo
estaba ahora del otro lado, excepto por su mano. El ser irreal se aferraba
fuertemente de la mano del otro, pero el destino no se iba a dar por vencido.
El cuarto que no había desaparecido dentro de la infinita oscuridad comenzó a
temblar. Las sillas, la mesa y todos los objetos de la habitación cayeron al
negro vacío, pero él se mantuvo firme, junto a su contraparte aferrada.
El marco del espejo se
empezó a retorcer. Deformó las fibras de la madera, se balanceó de izquierda a
derecha para que ambos cayeran a la nada. Y cuando el cuerpo del ser real no
podría resistir más…
Ø
Los dos se desvanecieron en una infinita
oscuridad hacia un vacío en el medio de ninguna parte (sigue en la página siguiente).
Ø
De milagro, él sacó una fuerza de sí, lo
suficientemente poderosa para sacar al fin a su compañero del espejo (Continúa en la página 30).
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