(Viene
de la página 23)
—Mec…no quiero
meterte presión ni nada, pero…—comenzó Tiempo, haciendo que el otro quitara los
ojos de su trabajo y los dirigiera a él. Todos estaban mirando hacia unos
doscientos metros lejos de ellos, quizás un poco más. Un ejército de humanos
controlados por un gran grupo de Recolectores se hizo visible desde su
posición, y unos pasos enormes se oyeron más cerca aún de lo que les hubiera
gustado. El Defensor de inmediato creó una burbuja transparente rodeando al grupo,
y Mec se volvió a su trabajo sin dudarlo un segundo más. Una luz desde algún
punto de las alturas comenzó a buscar a sus alrededores, y consiguió
encontrarlos, casi cegándolos en el proceso.
— ¿Le falta
mucho, cadete? No es necesario que tenga todo listo, mientras pueda volar, siga
arreglándolo en el camino—ordenó nervioso el Guerrillero.
—Viéndolo así,
en un minuto lo tengo —informó, para agregar una orden cuando el robot tomó
metro y medio de altura y las luces dentro de su organismo metálico se encendieron
otra vez—Vayan subiendo de a uno, rápido.
Todos excepto
Dirección y él permanecieron en el suelo un segundo más, aguardando a que el
Mecánico tuviera listo el Recolector reconfigurado. La luz se hacía más fuerte,
se cargaba de tensión, de adrenalina. El ejército se acercaba, marchando a paso
veloz, golpeando con fuerza el suelo, pero no fue lo único que se escuchó. La
voz del Invasor extraterrestre se oyó clara, ruidosa, gutural, y hasta hizo
temblar los pocos vidrios sanos que seguían en pie en los edificios aledaños.
La ciudad quería sus cabezas en un plato, y a los Viajeros con vida, pero al
menos, por más que a ellos les hicieran lo que quisieran, Andrés estaba
alejándose ya, invisible y protegido, y eso les daba una ventaja.
— ¡Mec, subí,
ya no hay tiempo! —le pidió el líder a su lado. Él contestó, presionando
comandos táctiles rápidamente en un pequeño panel de un lateral, conectando un
cable con otro y ajustando el arma:
— ¡Ya casi
termino, con esto va a andar más rápido y vamos a poder…!
Se detuvo
cuando un enorme pie ennegrecido hizo estallar en pedazos una construcción
detrás suyo. Los siete ahogaron gritos, más aún cuando la cabeza del humanoide
se asomó por detrás de un rascacielos, a escasos metros de ellos, y de ella la
luz emanó hacia su dirección, descubriendo para todos su ubicación. Otro
ejército de humanos se apareció desde otra esquina, esta vez a solo menos de
diez metros de ellos, y a la señal del dominador, todos comenzaron a correr
hacia ellos.
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