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sábado, 30 de mayo de 2020

PÁGINA 26

(Viene de la página 23)                                                                     

 

—Mec…no quiero meterte presión ni nada, pero…—comenzó Tiempo, haciendo que el otro quitara los ojos de su trabajo y los dirigiera a él. Todos estaban mirando hacia unos doscientos metros lejos de ellos, quizás un poco más. Un ejército de humanos controlados por un gran grupo de Recolectores se hizo visible desde su posición, y unos pasos enormes se oyeron más cerca aún de lo que les hubiera gustado. El Defensor de inmediato creó una burbuja transparente rodeando al grupo, y Mec se volvió a su trabajo sin dudarlo un segundo más. Una luz desde algún punto de las alturas comenzó a buscar a sus alrededores, y consiguió encontrarlos, casi cegándolos en el proceso.

— ¿Le falta mucho, cadete? No es necesario que tenga todo listo, mientras pueda volar, siga arreglándolo en el camino—ordenó nervioso el Guerrillero.

—Viéndolo así, en un minuto lo tengo —informó, para agregar una orden cuando el robot tomó metro y medio de altura y las luces dentro de su organismo metálico se encendieron otra vez—Vayan subiendo de a uno, rápido.

Todos excepto Dirección y él permanecieron en el suelo un segundo más, aguardando a que el Mecánico tuviera listo el Recolector reconfigurado. La luz se hacía más fuerte, se cargaba de tensión, de adrenalina. El ejército se acercaba, marchando a paso veloz, golpeando con fuerza el suelo, pero no fue lo único que se escuchó. La voz del Invasor extraterrestre se oyó clara, ruidosa, gutural, y hasta hizo temblar los pocos vidrios sanos que seguían en pie en los edificios aledaños. La ciudad quería sus cabezas en un plato, y a los Viajeros con vida, pero al menos, por más que a ellos les hicieran lo que quisieran, Andrés estaba alejándose ya, invisible y protegido, y eso les daba una ventaja.

— ¡Mec, subí, ya no hay tiempo! —le pidió el líder a su lado. Él contestó, presionando comandos táctiles rápidamente en un pequeño panel de un lateral, conectando un cable con otro y ajustando el arma:

— ¡Ya casi termino, con esto va a andar más rápido y vamos a poder…!

Se detuvo cuando un enorme pie ennegrecido hizo estallar en pedazos una construcción detrás suyo. Los siete ahogaron gritos, más aún cuando la cabeza del humanoide se asomó por detrás de un rascacielos, a escasos metros de ellos, y de ella la luz emanó hacia su dirección, descubriendo para todos su ubicación. Otro ejército de humanos se apareció desde otra esquina, esta vez a solo menos de diez metros de ellos, y a la señal del dominador, todos comenzaron a correr hacia ellos.

 

 

(Sigue en la página 53)


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