En el plano de
la visión y por ese sentido, estaba dormido. A pesar de las insistencias,
ningún mágico verbo lo sacudía de su letargo. Y el esperar se hacía largo por
la respuesta de su alteza. Eran todos considerados miembros de la realeza:
portadores del reflejo y dueños de los espejismos, puesto que a ellos les
debemos algo tan banal como la imagen, y algo tan vital como la autoestima, el
regreso a la cruda realidad. Y bajo ciertos efectos sustanciales, sus
majestades tienen el poder de remitirnos a otros arquetipos, a otras
ensoñaciones y fantasías.
Despierta, ventana al
mundo paralelo,
que me desvivo en
desvelos por verme en tu mirar,
y admirar tu magia
imaginaria y singular,
de colores vibrantes y vibraciones a deslumbrar.
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