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sábado, 30 de mayo de 2020

PÁGINA 10

— ¿Y vos sos...algo mío? O sea, somos idénticos...pero...sos... ¿Qué sos?

El otro muchacho dejó su desayuno sobre la mesa, y levantó sus dos brazos. Con una mano hizo un movimiento con sus dedos, y con la otra luego hizo exactamente lo mismo, dándole a entender que…

—Sos mi reflejo, entonces, como un doble o algo así... —asintiendo, el chico tomó su taza, se puso de pie y la tiró a la pileta de la cocina, dejando al otro solo. Al volver, tenía en sus manos un anotador y una birome.

— ¿Cómo tendría que llamarte? Yo soy Alan, ¿vos te llamas igual?—le preguntó. El doble escribió rápidamente algo en el anotador y se lo pasó. Con su misma letra, pero que ahora le parecía ajena, decía un simple "Bienvenido Alan, mi nombre es Andrés"

—Dos cosas, la primera: ¿Cómo sabes que te llamas Andrés?— él le quitó el anotador de sus manos y se puso a escribir de nuevo.

"Tengo derecho a llamarme como yo quiera, y si mal no recuerdo así nos íbamos a llamar, por nuestro abuelo”.

—Bueno, es un nombre perfecto entonces… y la segunda es: ¿Por qué pusiste "Bienvenidos"? ¿Ésta es tu casa?



Alan recibió como respuesta otra nota más larga, que al tomar mucho tiempo en pasarse a el papel, lo obligó a rodear la mesa y ponerse a su lado, leyendo al tiempo en que él explicaba.

"Cuando mamá te heredó ese maldito espejo, y te viste por primera vez en él, algo se despegó y quedó atrapado dentro del vidrio. Soy como...una parte de vos, pero no soy completamente vos. Aun así, soy más que un reflejo o un espejismo, y como podés ver, soy tan real como cualquiera, pero no puedo hablar. 

Desde que pusiste el espejo en el comedor...fue raro: cuando vos aparecías en el espejo, yo inmediatamente aparecía en el lugar en el que vos estabas y era como obligado a hacer exactamente todo lo que hacías. Cuando salías del comedor, todo cambiaba y tenía libertad pero en éste comedor. Antes estaba limitado al desván de tu casa, en dónde me tenían guardado. Muchas veces traté de llamarte, pero no conseguía tocar el vidrio. Algo como que me alejaba de ese lugar. Nunca pude realmente tocar ni siquiera el marco de ese maldito espejo. Y como no tengo voz, tampoco pude llamarte, ni hacerte entender porque me tenía que mover como vos…

Un día, de repente, lo pude tocar y hasta produjo ruido, uno que parece que escuchaste...intenté llamar tu atención un par de veces, hasta que finalmente ayer…o recién, no tengo idea de cuándo fue…sucedió".

— ¿Y qué es este lugar?—le preguntó el otro cuando hubo terminado de leer.

"No sé. Desperté y me encontré en un lugar que no conocía, porque apenas vi un vistazo de la entrada y luego permanecí en esta habitación todo este tiempo. Ni me di cuenta que estabas, porque me emocionó tanto estar libre que recorrí toda la casa. Las llaves de la puerta no estaban así que no salí, y la ventana no era una opción. Me hice un café, te esperé, y despertaste. No tengo idea de qué hay fuera de esta casa".

—Yo sé dónde está la otra llave. Mirá—Alan guio a su contraparte hasta un cajón y sacó la llave de repuesto. La otra no la encontró en su pantalón.


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