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sábado, 30 de mayo de 2020

PÁGINA 44

(Viene de la página 43)                                                                     


A pesar de las preocupaciones del ahora llamado “Viajero”, el camino pareció tranquilo, y en efecto, no duró más de veinte minutos. La Torre podría haber pasado antes por una por la cual se podían transmitir ondas radiales, aunque hacía mucho que la radio no se usaba al igual que en la antigüedad. Estaba a las afueras, en un muy tranquilo y abandonado barrio de hogares bonitos, nada tan sofisticado y monótono como los edificios modernos de la ciudad. Incluso se podían distinguir los colores de los que habían estado pintadas las paredes hacía quien sabía cuánto tiempo, y era sin duda, la más hermosa imagen que Andrés había visto en ese futuro distante desde su llegada. Podía imaginarse a niños jugando acá y allá, a la plaza de la esquina con sus juegos en buen estado, hamacando a las pequeñas; aquél arco deteriorado sirviendo para que los chicos armaran partidos de fútbol, y se divirtieran tardes enteras. ¿A dónde se había ido todo eso? De repente, tras esa pregunta en su cabeza, una nueva surgió disparada. Necesitaba saber… ¿cómo no se había dado cuenta hasta entonces?

— ¿Por qué hasta ahora solo vi hombres por las calles? ¿Qué les pasó a las mujeres y a los chicos? —inquirió, inmediatamente arrepintiéndose al ver las reacciones en los rostros de sus compañeros. Algo malo había pasado, no había que ser un genio para saberlo, y una mirada directa con ojos vidriosos, lo hizo sentir terriblemente mal por haber preguntado eso.

 

(Sigue en la página 51)


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