(Viene de la página 29)
—Tengo otra pregunta. ¿Por qué se llaman entre ustedes Tiempo,
Dirección, Comunicación? ¿Qué es todo eso? ¿Son…nombres secretos o algo así?
—preguntó Alan.
—Exacto. Dentro de cada Ciudad Gris hay una base rebelde y un refugio de
emergencia, podrías decir, como éste. A mí me llaman “el Ocultista” porque soy
el encargado de los secretos, las contraseñas. Él es Dirección, a cargo de
liderar el grupo—señaló al treintañero, y luego
a otro—Él se encarga de comunicarnos con las demás personas de nuestro
bando dentro de la ciudad y la base. Y aprovecho a presentarles al resto,
disculpen que no lo hice hasta ahora. A tu amigo le decimos Tiempo, él está
pendiente del comportamiento y los movimientos de los Recolectores, los
ingresos y egresos de personas, la música, el horario de las jornadas de
trabajo; documenta y lleva registro de todo. Es un arduo trabajo pero es el
mejor en el área.
—El Espía es quién lo ayuda o lo suplanta, cuando no está en vigilia y
en constante alerta de las aproximaciones—y al ser nombrado, el joven de
cabellos colorados que tenía sus ojos en esa especie de artefacto espejado, se
alejó del visor y saludó levantando el pulgar, para volver a su trabajo—Y el
Lector y el Meteorólogo también forman parte importante del estudio enemigo. El
Lector, —siguió, mientras él, de aspecto muy prolijo vistiendo una camisa
abrochada hasta el cuello y con aire de tener mucho conocimiento encima, saludó
tímido—es un estudioso del lenguaje y las formas de comunicación, incluyendo
también las frecuencias musicales con las que envían órdenes. Junto con el
Meteorólogo—y el rubio señor de cuarenta y tantos asintió—en nuestros viajes
por la ciudad siempre son de mucha utilidad, a veces casi imprescindibles.
—El Mecánico—continuó, haciendo que este, quien tomaba café junto a un
grupo de rebeldes aún sin presentar y vestía un traje de una sola pieza azul;
se voltease—es un experto en el funcionamiento de los Recolectores, esos robots
que queríamos evitar hoy en la calle, ¿se acuerdan? No sé si los habrán llegado
a ver…
—Creo que no…—contestó Andrés.
—Bueno, tarde o temprano tendrán el desagrado de conocerlos de cerca, es
casi imposible escapar de ellos. Ya Mec los deleitará con sus habilidades,
ojalá no nos hagan falta.
(Continúa en la página siguiente)
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