(Viene de la página 87)
Los fotogramas en eternos
instantes: en la vanguardia, la persecución de la guardiana real buscando
aplastarlos/engullirlos a colmillazos. El rincón de los hongos pincelando la
escena en un tono frío glacial del verde. El conducto de escape tallado en el
interior de una raíz seca que se atrevió a asomarse en otro a tiempo y en ese
presente se abría a la noche llovida, al bosque foscuro. Se oyó el sonido de
los susurros vespertinos de las amenazas del reino vivo, del hambre pulsante,
la brutalidad del choque. A la huida le acortaron su vida una vez empapados y
fuera del hormiguero infecto, por la necesidad de reparo y alivio al dolor. El
último fotograma: los rostros de Alan y Andrés llorando como las puntas de las
ramas, con el pesar de tener que volver al submundo por arder las gotas ácidas
como si fueran precipitación infernal. Una desviación adrede de la naturaleza y
el destino.
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