(Viene de la página 29)
Todos allí, a su alrededor, los hicieron sentir un poco menos solos en
ese mundo tan nuevo y tan extraño que no terminaban de entender. Estaban
ansiosos por respuestas, pero sabían que, verdaderamente, tendrían que aceptar
las cosas lentamente.
—Bueno…un fatídico día causaron un gran tumulto, todo un escándalo a lo
largo y lo ancho del planeta. Hubo muchas personas que se entregaron al miedo,
a la desesperación. Hubo una gran ola de muertes, de suicidios, en todas
partes. Luego sucedió que un extraño tipo de radiación desconocida (de la cual
no nos enteramos hasta días después) mató a los demás seres vivos del planeta
con nosotros, inmunes, como testigos. Árboles, animales, aves, peces,
mamíferos, todos sufrieron de enfermedades y una lenta agonía que terminó dejándonos
solos frente a ellos. Y entonces, incapaces de satisfacer nuestra necesidad
para respirar, puesto que los pulmones del planeta se habían muerto junto con
nuestras esperanzas, ellos decidieron “cuidar” de nosotros.
Desde un primer momento nos trataron con una actitud lastimosa,
creyéndose que por ser más poderosos tendrían el derecho de “ayudarnos”, cuando
lo único que hicieron fue empeorarnos las cosas. Sus máquinas encendidas
perpetuamente, liberando gases nocivos, y la humanidad bajo riguroso estudio,
control y dominación a placer, lo hicieron todo con el pretexto de que no
podríamos gobernarnos a nosotros mismos otra vez.
—Esperen…entonces—comenzó el viajero— ¿por qué harían eso? ¿Ellos no
entienden que ahora las cosas son peores que antes?
—Nos encantaría poderles
responder eso pero no lo sabemos. Nosotros suponemos que ellos deben pensar que
nos hacen un bien, que desviaron las distracciones del progreso, porque nos han
hecho construir estas ciudades grises, que son todo un imperio para ellos, en muy
poco tiempo. Nos han forzado a tanto por ellos, no sé si vieron qué tan grandes
son los edificios con la niebla pero…
— ¡Los edificios! ¡Me lo olvidé por completo! ¡Qué estúpido! —gritó de
repente el joven que había estado al lado de Alan durante el trayecto, mirando
su reloj de pulsera.
— ¡Me olvidé por completo de la hora! —recordó, luego dándose un minuto
para pensarlo mejor—Aunque, por lo que veo…no parece que les haya pasado nada…
(Reanudar híper-pesadilla en PÁGINA 81)
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