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domingo, 31 de mayo de 2020

PÁGINA 110


La travesía los obligó a escalar por fuera la última torre, y espiando desde un recoveco en el intrincado alféizar de la ventana más alta, escucharon que la Reina se encontraba desfallecida, dictando órdenes desde su lecho. Una criada se rebeló contra la perversidad para con el pueblo y los ocultos descubrieron el motivo de la retención de los prisioneros en perpetuo labor. La única cura para el malestar real la obtenía aprovechando la energía de una cantidad inmensa de seres humanos. Los millares de espejos y cúpulas labradas servían a ese propósito. Un arriesgado asomo permitió ver la alcoba emparedada de libros, una enorme araña colgando del techo, luciendo las joyas carísimas, y planos de una red jerarca con cálculos para el aprovechamiento del fuego humano como propulsora de un navío de escape, como matriz de una urbe idílica, elitista. Era obvio que la reina se había obsesionado con su deseo de longevidad. Se especificaba la predilección de mujeres y niños para las proezas energéticas; había perdido la razón. Una idea fue clara. Se había desviado de la verdadera aspiración del Rey: dejar a su pueblo partir, liberarlo. Los chicos barajaron sus posibilidades al borde de la acción.

¿Habría una manera de convencerla de desistir?

¿Podrían sacarle información, como el mapa con la salida?

¿Los recibiría con la misma hospitalidad de los pasados encuentros en la travesía?

De tanto cuestionarse, la mismísima los encontró con la mirada y con ella los invitó a acercarse, sin embargo, para su desgracia pudieron verle el rostro grotesco y monstruoso, en la actividad que incansable la coronaba en su literal y figurativa grandeza.

Se veía tan moribunda como prolífica, y la mantenía pulsante un deslumbramiento atroz, perverso.

 

Ø  Intentar matar a la Reina en la 111

Ø  Intentar hacer las paces con ella en la 101

Ø  Intentar sonsacarle información de la salida en la 107


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