(Viene de la página 62)
Un hombre
entrado en edad, de cabello canoso, anteojos redondos y barriga prominente
preguntó: — ¿Quieren café? —sirviendo el caliente elixir que pronto reconfortó
a todos, como si hubiesen bebido paz líquida o una poción revitalizante.
—Así que
tenemos nuevos reclutas, ¿no? Ya era hora que aparecieran. ¡Qué suerte tuvieron
de aparecer justo por donde el pelotón merodeaba! No quiero ni imaginar lo que
les hubiesen hecho si los encontraban. Cuéntennos sobre ustedes —los incitó el Ocultista. Luego de las
presentaciones, fue el momento de hacer preguntas:
— ¿Ir al castillo? La reina ya no
está ahí, pero ni bien cumplan su cometido con nosotros, los podemos
llevar—prometieron los rebeldes. La interrogación cambió de mano, entonces.
—
¿De
quiénes nos estamos escondiendo?
—Están en “la Ciudad Gris”, en un
país que ha perdido los límites. Hace más de cuatro siglos, la Tierra era un
planeta muy avanzado, super-poblado y con muchísimo potencial, que por el
accionar del hombre se fue deteriorando y muriendo, hasta que llegó un punto en
que no se le tenía fe a la humanidad para durar otros cien años si no
cambiábamos y tomábamos decisiones inmediatas para arreglar lo que habíamos
destruido. Un mal día, llegó un mensaje del gobierno. En él—dijo tomándose una
pausa, bebiendo más café para luego continuar—se compadeció la situación y se
pretendió enviarnos “ayuda”, la cual sería un método con el que, según el
extraño mensaje, todos podríamos colaborar en la sociedad. Una especie de
tecnología desconocida y de avanzada, haría que todo el mundo ayudase a mejorar
el planeta sin esforzarse demasiado, pero logrando cambios trascendentales.
—Imaginen lo que podríamos haber
hecho con ese poder. Hubiésemos limpiado las calles, reciclado toda la basura,
ayudado al medio ambiente, hubiéramos protegido especies animales y vegetales,
cuidado el agua, tenido cuidado con no superar los límites de la
sobre-población, mejorado la calidad de vida de la sociedad. En fin, podrían
haber surgido cosas maravillosas si el poder del control total se hubiese usado
con ese fin y sin intenciones dañinas, con pequeños cambios de actitud que la
gente no hubiese realizado sola. Pero en cambio, la tecnología fue usada para
otros fines, en despiadadas manos.
—Nos manejan como si fuéramos
esclavos y nos hacen construirles esos malditos aparatos todo el día.
Nosotros ofrecemos resistencia a “la música”, que es como el método
hipnótico-controlador que utilizan los mandamases.
—Calma, Guerrillero, no alarmes los
chicos, hay que explicarles lentamente las cosas o sus cerebros podrían
colapsar.
Ø ¿Qué les pasó a todas las personas? Página 37.
Ø Si no los encontrábamos a tiempo, ¿qué hubiera pasado? Página 41.
Ø ¿Por qué se llaman entre ustedes con nombres clave? Página 33.
Ø ¿Cuándo dicen que nos estaban esperando es…para pelear? Página 39.
Ø Reanudar híper-pesadilla en la página 81.
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