Escogió un camino
zigzagueando en un íntimo y apretado espacio, sin saber exactamente en qué
dirección se estaba moviendo. Sentía una respiración, una pulsación que hacia
vibrar los vidrios a pasos de distancia. No veía nada más que su mareo, una
pérdida del horizonte y el acompañamiento de un enemigo invisible. Se creyó que
de un momento a otro toparía con Asterión en un callejón sin salida. Lo
atravesaría una cornamenta filosa, o lo mordería una sed de sangre insaciable.
Su pulso aumentó en forma considerable, y cuando la adrenalina, la ansiedad y
el miedo lo tuvieron girando en búsqueda perpetua de la otredad tangible, le
pegó la patada más fuerte que pudo al espejo que palpitó.
La ruptura succionó el aire con un estruendo doloroso, y como agujero negro se tragó las dagas vítreas, su gemelo en frente, y Alan intentó resistirse pero la fuerza tuvo una tremenda atracción. La noche eterna al vacío lo recibió del otro lado, y al salir se clavó ambas palmas hasta atravesarlas, y ni siquiera lo salvaron. Su cuerpo salió disparado como un remolino, dejando un rastro de sangre y sucumbiendo a los efectos de la hostil velada estrellada. Sus globos oculares reventaron cuando colapsó su organismo todo, y despertó gritando, no pudiendo parar sus alaridos. Se levantó desesperado, cegado y con sus manos humedeciendo las sábanas, el piso y su cuello, al morirse de ganas por abrirle paso al oxígeno, tambaleando sin futuro alguno.
No hay comentarios:
Publicar un comentario