↓↓↓↓↓↓

domingo, 31 de mayo de 2020

PÁGINA 89


Regresar por donde vino le supo una infinidad de problemas, puesto que había recorrido un sin fin de locaciones. Por un momento le pareció estar encerrado en una esfera a oscuras, aunque fuera la penumbra de su mente, sonando. Después creyó tener que entender lo visto, y hasta vio cosas sin recordarlas, y memorizo sin haberlas visto. Sus pies se habían calcinado en la arena, se había perdido en un laberinto subterráneo que le despertó un hormigueo en la espalda. ¿Dónde más había estado? ¿Dónde había perdido a Andrés, si no se separaba de su lado? Tuvo de pronto la certeza de que había elegido no conocer los secretos de una reina, que quizás serian lujuriosos pecados inmorales o aborrecibles abominaciones sangrientas. Pero él no era tales cosas...él era...Alan, sí. Un próspero estudiante, que se había mudado hace poco y había visto algo raro en una herencia...

— ¡En un espejo!—se susurró perplejo, abriendo los ojos parado frente a un marco, su reflejo obediente y su casa como la había dejado. Se valió del sentido del tacto para cerciorarse de la autenticidad de todo a su alrededor. 

— ¿Yo soñé despierto...o me habían empujado a la fuerza adentro de esto?—se preguntó, y se percató de una cosa. —Si me empujaron desde afuera...quiere decir que todavía hay…—una persona lo sorprendió llamando de improviso a su puerta—peligro.

Anonadado, al abrir vio al atractivo muchacho que había intentado sonsacarle información del espejo...pero esta vez no venía solo. Alan cerró y trabó rápidamente, pero de afuera embistieron con fuerza: eso no lo iba a proteger por mucho. Buscando con la mirada algo en su casa que le sirviera de arma, se encontró observándose al otro lado de la habitación. El otro desvió su mimesis unos segundos para darle una idea. Alan tomó el marco de la pared justo cuando la entrada cayó derribada, pero la embestida la dio ahora él contra los agresores. De un golpe, los seguidores de la reina desaparecieron dentro de la imagen justo cuando el trastrabilló contra el marco de la puerta, haciendo que los extremos del cuadro se comenzaran a resquebrajar. 

De milagro, él sacó una fuerza de sí, lo suficientemente poderosa para sacar al fin a su compañero del espejo. Ambos parados ahora sobre él, seguían corriendo el peligro de caer en la oscuridad, por lo que ambos al mismo tiempo se alejaron y golpearon con furia el vidrio y éste quedó hecho pedazos. Vencedores, cruzaron sus miradas. A través de sus dos pares de ojos profundos, comprendieron que no estaban hechos para ser divididos; y tomándose de las manos sangrientas, se complementaron en un único ser.


No hay comentarios:

Publicar un comentario