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domingo, 31 de mayo de 2020

PÁGINA 79


Por ese portal hirviente, al habitarlo se sintió un calor de sauna, una nube de vapor se elevó por encima, y las burbujas buscaron fosas nasales en las cuales meterse. El capricho de la transportación fijó como coordenadas un bucle cruel en el reloj: una trampa para el testigo desafortunado. Al sumergirse completamente, la temperatura menguó, y la efervescencia obligó a los ojos a cerrarse, al cuerpo a dejarse llevar, arrastrado por la corriente caliente. Detrás de los párpados, visión y sensación obraron dispares. El contraste lo provocó la concentración de la fiebre en un punto en específico, ese que dolía por una herida ajena. Y la imagen en sus órbitas mostró el reflejo de una espada legendaria manchándose de vitalidad al incrustarse fatal en una criatura del país de las maravillas, de mirada infernal. Solo al besar el filo con el abdomen y hacer volar una gota que se rompería en el aire, el infinito se dibujó del color de la noche. Cuando la respiración se dificultó y la incomodidad del descanso provocó una retorcida corporal, la apnea de sueño finalmente permitió a los ojos abrirse en la hora más oscura donde la Luna no termina de alumbrar. Encima, clavándolo estaba el origen de todas las pesadillas, un elfo-demonio con la mirada fija; y la habitación sin mueble alguno, la casa vacía.


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