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domingo, 31 de mayo de 2020

PÁGINA 78


El vórtice, más que un escape al espacio exterior, resultó en el inicio de un viaje de otras características. Una fuerza transportó al trotamundos en una dimensión particular: en el tiempo. Como en un agujero de gusano, el recorrido le permitió ver a la Tierra y a los planetas hermanos danzar a velocidades alucinantes, con eclipses y alineaciones constantes, juegos con el sol por las luces, escondidas con las lunas y las sombras. Los astros rotaron y trasladaron sus cuerpos celestes con el vasto firmamento de fondo, y sus recuerdos país del espejo quedaron opacados por la eternidad del instante. Todo cambió más rápido de lo que sus ojos le permitieron ver.

 

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