Arriba del vehículo, la
desertora se explicó en pocas palabras mientras los muchachos saciaban su sed:
—Así que recién llegados,
¿eh? Hace mucho que no llega gente nueva por acá. Me imagino que estarán
ansiosos por irse de este mundo; déjenme decirles que el tiempo es traicionero
por estos pagos, y que yo llevo incontable lunas buscando la salida, pero una
noche creo haberla visto. Es definitivamente un portal, no puede haber sido otro
espejismo, aunque…parece que tuviera vida propia, que se aparece a voluntad, y
solo cuando lo alumbran las estrellas.
La noche arribó antes de
lo esperado, mientras hacían guardia en la zona esperada del desierto. Justo
cuando el astro candente terminó de ocultarse en el horizonte, ella encendió el
motor: —Allá estás. No te me vas a escapar.
Salieron disparados hacia
un destello negro iridiscente. El vehículo navegó el océano de arena con
velocidad y turbulencias, pero el portal no se desvanecía, la ventana flotando
en el aire, a solo un pie del suelo, brillaba como una oportunidad
equidistante. La aproximación, como la percepción temporal, fue inconmensurable
aunque destinada a ser…otra noche. Antes de tocarla, de finalmente alcanzarla,
temperamental el portal se alejó más y más; jugaba con ellos. Otra velada,
justo en el instante previo, el marco dorado se perdió en las alturas; hasta
que una última noche, definitivamente se dejó atravesar.
(Sigue en la 97 y después en la 74)
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