Y el tamaño de la ventana
enseñó otra probabilidad/dificultad agregada. No podrían cruzarla juntos: la
separación era inminente, y sus porvenires se manifestaron solitarios. Alan y
Andrés abrazaron a su doble con hermandad amada, extrañada. La desertora se
despidió de ese par estrechándolos contra su pecho, besándoles las frentes. Fue
la primera en aventurarse, habiendo perseguido ese vórtice místico durante
tantos ciclos y no lo hizo sin antes decir:
—Mi deseo era escapar de la infinidad, salir de este desierto infernal, y pareciera que tengo ahora que adentrarme en la eternidad, que es mi única salida. A ustedes chicos les pido…que si la suerte nos hace volver a empezar, nos demos la oportunidad de elegir otro final— y saltó.
[Seguir a la desertora 25, 50]
—Por el fin del país del espejo—pidió Andrés. [Seguir al reflejo: 96, 46, 91, o 95]
—Porque se termine de una vez esta pesadilla. [Seguir a Alan: 30 o 54 o 103]
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