(Viene de la PÁGINA 30)
Cierto recoveco tallado en
el submundo los condujo a un atiborrado barrio de obreras. Pudieron hacerse
paso, no sin dificultad, entre una larga fila de hermanas, que casi ni se
percataron de la presencia de esos dos humanos a escala recorriendo los intersticios
de su hogar. La disposición pública de agua y alimentos los satisfizo lo
suficiente, a pesar de que las lugareñas sí les sostuvieron una mirada no muy
amable cuando los vieron ingerir lo que ellas habían recolectado. El
sentimiento de encierro se acrecentó por la visión superpoblada del lugar, que
a cada recorrido los hacía sentir más diminutos y asfixiados. En una búsqueda
por un rincón donde respirar un poco más a gusto, el dúo se introdujo por un
conducto menos concurrido y este, por fin, les abrió el camino hacia una
recámara con mucha más iluminación, tanto que mientras recuperaban el aire que
olía distinto, más natural; les dio la sensación de haber dado con un claro
soleado. En una inspección más atenta, no habían salido a un ambiente añorado sino
que sin quererlo estaban donde menos debían, en el hábitat de los hongos de
luz. Dispersos en la cueva que estaba cubierta de moho como un colchón de
césped, desde el techo hasta en las paredes todo estaba tapizado por esas
silvestres bioluminiscencias fungi. La reciente advertencia les volvió a la
mente, declarando la vegetación intocable a pesar de su belleza y la tentación
que producía la vibración que se sentía destilar, la energía pulsante que
emanaban. En ese momento, una hormiga solitaria se les acercó y se comunicó sin
mover más que sus antenas.
—Espero que hayan
disfrutado su recorrido, pero es tiempo de que vengan conmigo, humanos, están
desperdiciando energías.
Escéptico por el tono con
que las palabras les habían sido transmitidas, Alan replicó:
—No sé dónde nos querés
llevar...yo no creo que estemos perdiendo el tiempo...
Su interlocutor se movió
más ansioso, y pretendió empujarlos hacia donde otras hormigas gigantes se
dirigían.
—
¿No era que tenían la orden de no atacarnos?
—La Reina tiene otros
planes, pero yo digo que ustedes sobran en este hormiguero.
Entonces Alan y Andrés
comenzaron a forcejear con la fuerte criatura. Otras compañeras suyas
parecieron percibir la situación y aguardaron el momento en que la rebelde los
pusiera al servicio real...lo que no aparentaba ser tan malo siempre que ser un
desperdicio de energía y lugar, significara hacerlos trabajar, y no dejarlos a
la merced de la seguridad del hormiguero para que los eliminaran de la
ecuación. En la tensión del momento, Alan observó que detrás de su enemiga, un
pasillo sin hongos pero embebido por su luz verdiazul daba a una salida, a un
cielo llovido. Andrés por su parte halló cerca de su pie un hongo arrancado del
suelo que tenía clavada una astilla de raíz de árbol, algo que confiando en las
propiedades de los que no debían ser tocados, le pareció un arma.
Ø Los
jóvenes se defendieron a la fuerza, en la 71
Ø Los
muchachos huyeron hacia la precipitación, en la 28
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