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domingo, 31 de mayo de 2020

PÁGINA 87

(Viene de la PÁGINA 30)                                                                 

 

Cierto recoveco tallado en el submundo los condujo a un atiborrado barrio de obreras. Pudieron hacerse paso, no sin dificultad, entre una larga fila de hermanas, que casi ni se percataron de la presencia de esos dos humanos a escala recorriendo los intersticios de su hogar. La disposición pública de agua y alimentos los satisfizo lo suficiente, a pesar de que las lugareñas sí les sostuvieron una mirada no muy amable cuando los vieron ingerir lo que ellas habían recolectado. El sentimiento de encierro se acrecentó por la visión superpoblada del lugar, que a cada recorrido los hacía sentir más diminutos y asfixiados. En una búsqueda por un rincón donde respirar un poco más a gusto, el dúo se introdujo por un conducto menos concurrido y este, por fin, les abrió el camino hacia una recámara con mucha más iluminación, tanto que mientras recuperaban el aire que olía distinto, más natural; les dio la sensación de haber dado con un claro soleado. En una inspección más atenta, no habían salido a un ambiente añorado sino que sin quererlo estaban donde menos debían, en el hábitat de los hongos de luz. Dispersos en la cueva que estaba cubierta de moho como un colchón de césped, desde el techo hasta en las paredes todo estaba tapizado por esas silvestres bioluminiscencias fungi. La reciente advertencia les volvió a la mente, declarando la vegetación intocable a pesar de su belleza y la tentación que producía la vibración que se sentía destilar, la energía pulsante que emanaban. En ese momento, una hormiga solitaria se les acercó y se comunicó sin mover más que sus antenas.

—Espero que hayan disfrutado su recorrido, pero es tiempo de que vengan conmigo, humanos, están desperdiciando energías.

Escéptico por el tono con que las palabras les habían sido transmitidas, Alan replicó:

—No sé dónde nos querés llevar...yo no creo que estemos perdiendo el tiempo...

Su interlocutor se movió más ansioso, y pretendió empujarlos hacia donde otras hormigas gigantes se dirigían.

    ¿No era que tenían la orden de no atacarnos?

—La Reina tiene otros planes, pero yo digo que ustedes sobran en este hormiguero.

Entonces Alan y Andrés comenzaron a forcejear con la fuerte criatura. Otras compañeras suyas parecieron percibir la situación y aguardaron el momento en que la rebelde los pusiera al servicio real...lo que no aparentaba ser tan malo siempre que ser un desperdicio de energía y lugar, significara hacerlos trabajar, y no dejarlos a la merced de la seguridad del hormiguero para que los eliminaran de la ecuación. En la tensión del momento, Alan observó que detrás de su enemiga, un pasillo sin hongos pero embebido por su luz verdiazul daba a una salida, a un cielo llovido. Andrés por su parte halló cerca de su pie un hongo arrancado del suelo que tenía clavada una astilla de raíz de árbol, algo que confiando en las propiedades de los que no debían ser tocados, le pareció un arma.

 

Ø  Los jóvenes se defendieron a la fuerza, en la 71

Ø  Los muchachos huyeron hacia la precipitación, en la 28


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