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domingo, 31 de mayo de 2020

PÁGINA 100

 

Sabiendo que un cuerpo de agua no podría reemplazar a un espejo, pero aguardando que sirviese, prosiguió. Conocedor del conjuro y de la ensoñación que debía evocar, recitó la lírica necesaria, concentrando su ruego y culminando en reverencia:

Marco dorado embelesando la pared

con tu eterna sabiduría, satisface la sed;

sé nuestros ojos y oídos en la distancia

y enséñanos lo que se trama con vil elegancia.

            Y reveló en susurros la dirección de los vientos. En una particular manera de conceder el deseo, y con la caligrafía de la miembro de la Tribu del Desierto (que les apuntó la dirección a cambio de que se dejaran hacer un conjuro blanco); estas palabras sintieron ser escritas con hielo en la espalda, respecto a su suerte:

La influencia de la luna me muestra
un sinfín de sueños por cumplirse,
y son tantos los pasados a repetirse
como los futuros posibles en la travesía siniestra. 

Una hábil conductora se podría partir
en una luna distante, en un tiempo lejano.
El portal que buscan se puede descubrir
pero caprichoso se muestra ese porvenir ufano: 

Despertar en la absurdidad del desasosiego,
divagar entre las imágenes enmarcadas,
voces protagónicas, inconexas; no niego,
dejarán sus esperanzas asfixiadas. 

Su majestad esconde intensiones perversas
y el cristal roto no podrá volver a unirse.
El corcel se verá amenazado por actitudes adversas
pero tus decisiones podrían evitarle morirse. 

Criaturas malignas en la arboleda en oscuridad
aguardan por sangre como las escondidas en el desierto
pero las fuerzas superiores me aseguran algo que es cierto
solo de ustedes depende su posteridad.

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