BITÁCORA
ESPACIAL VII
Se está volviendo una tediosa
costumbre esto de escribir antes de lo planeado. Mi intención era incrementar
el período entre informe e informe para hacer más amena su lectura (de sea
quien termine siendo quien lea esta bitácora). Pero tal como la vez pasada, hoy
no puedo esperar. Han sido…cuatro días desde mi última publicación. Siento que
más que un diario, esto se está volviendo un molesto memorándum de esos que se
solían enviar en las oficinas antes de que todo se fuera a la mierda. En fin,
necesitaba registrar este horrible suceso. Cuando pasan cosas como estas es
imposible que uno no pierda la cabeza, por toda la noche o para lo que dure tu
miserable existencia. Fue como si una de mis pesadillas se volviese realidad, y
no soy solo yo quien lo piensa. Coralto, el que ha estado también perturbando
mis pensamientos, me confesó que sintió lo mismo que yo y mi grupo. No podría
haber sido para menos.
Hoy hubo un compañero que
enloqueció. No era parte de nuestro grupo de revolucionarios, si no de los que
habíamos “elegido” permanecer despiertos. Perdió la cabeza, pero no en el
sentido de la sensación que nos dio a nosotros cuando vimos lo que hizo, sino
en el sentido de realmente llevar a cabo una locura. La diferencia entre él y
los demás es que él hizo algo verdaderamente estúpido…o valiente, o arriesgado,
o envidiable. Pero luego de esto, todos estamos tan mentalmente idos o perdidos
como él, aunque nos mantenemos al margen de la praxis; más por temor a
descubrir algo más que por otra cosa.
Aparentemente, en su cabeza habían
surgido los mismos pensamientos revolucionarios que en las nuestras. Debe haber
sido duro para él sentirse solo con tanto miedo, con tantas preguntas, con
tantas convicciones. Era cuestión de tiempo igual, para que esto pasara. Le
pasó a él como le podría haber pasado a cualquiera. No pudo contenerse más. Se
hartó al punto de no poder resistir un segundo más sin hacer pedazos algo, a lo
primero que se le cruzara. Y se le cruzó uno de los funcionarios insoportables.
Estábamos todos ahí…y fue como ver a un animal atacando a su presa. Se abalanzó
sobre él con una furia únicamente explicable por la enfermedad que produce este
viaje. Se le tiró encima y quedaron los dos tendidos en el piso. Fue tan
repentino que para cuando el personal de seguridad llegó a detener el tumulto,
ya era tarde. El loco le arrancó la cabeza de un tirón, le desgarró el cuello
de un puro ataque de adrenalina, y con nada más que sus propias manos. Y lo
peor no fue ser testigo de eso, si no cuán inesperado fue ver que de su cabeza
no chorreó sino un manojo de cables que comenzaron a chispear y en cuestión de
segundos se apagaron las luces de sus ojos.
El vago quedó estupefacto, quizás
tanto por la facilidad con la que pudo decapitarlo como de lo que encontró al
hacerlo. El personal se encargó de limpiar el asunto en seguida, y al cabo de
segundos no había más que el recuerdo de sus figuras revelándonos el terror.
Después nos juntaron a todos de vuelta y emitieron un mensaje de disculpa,
diciendo que ese espécimen era el único en la nave. Un prototipo. Qué
casualidad que justo ese que nuestro compañero había atacado fuera un
prototipo. No, a nosotros no nos van engañar. Y yo y mi grupo captamos algo
más, y hemos estado corriendo la voz desde entonces. Ahora todos quieren
sumarse. Les contamos que todos los funcionarios actuaron raro en el momento
del ataque, y todos coincidimos en que han estado actuando extraño desde
entonces. Se notó que dudaron al actuar, que titubearon y vacilaron todos al
mismo tiempo. Los mandamases tardaron en hacerlos responder. No había sido solo
un experimento. No existe solo ese prototipo. Todos los malditos funcionarios y
oficiales de esta nave endemoniada…son robots.
No hay comentarios:
Publicar un comentario