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domingo, 31 de mayo de 2020

PAGINA 82

BITÁCORA ESPACIAL VII

Se está volviendo una tediosa costumbre esto de escribir antes de lo planeado. Mi intención era incrementar el período entre informe e informe para hacer más amena su lectura (de sea quien termine siendo quien lea esta bitácora). Pero tal como la vez pasada, hoy no puedo esperar. Han sido…cuatro días desde mi última publicación. Siento que más que un diario, esto se está volviendo un molesto memorándum de esos que se solían enviar en las oficinas antes de que todo se fuera a la mierda. En fin, necesitaba registrar este horrible suceso. Cuando pasan cosas como estas es imposible que uno no pierda la cabeza, por toda la noche o para lo que dure tu miserable existencia. Fue como si una de mis pesadillas se volviese realidad, y no soy solo yo quien lo piensa. Coralto, el que ha estado también perturbando mis pensamientos, me confesó que sintió lo mismo que yo y mi grupo. No podría haber sido para menos.

Hoy hubo un compañero que enloqueció. No era parte de nuestro grupo de revolucionarios, si no de los que habíamos “elegido” permanecer despiertos. Perdió la cabeza, pero no en el sentido de la sensación que nos dio a nosotros cuando vimos lo que hizo, sino en el sentido de realmente llevar a cabo una locura. La diferencia entre él y los demás es que él hizo algo verdaderamente estúpido…o valiente, o arriesgado, o envidiable. Pero luego de esto, todos estamos tan mentalmente idos o perdidos como él, aunque nos mantenemos al margen de la praxis; más por temor a descubrir algo más que por otra cosa.

Aparentemente, en su cabeza habían surgido los mismos pensamientos revolucionarios que en las nuestras. Debe haber sido duro para él sentirse solo con tanto miedo, con tantas preguntas, con tantas convicciones. Era cuestión de tiempo igual, para que esto pasara. Le pasó a él como le podría haber pasado a cualquiera. No pudo contenerse más. Se hartó al punto de no poder resistir un segundo más sin hacer pedazos algo, a lo primero que se le cruzara. Y se le cruzó uno de los funcionarios insoportables. Estábamos todos ahí…y fue como ver a un animal atacando a su presa. Se abalanzó sobre él con una furia únicamente explicable por la enfermedad que produce este viaje. Se le tiró encima y quedaron los dos tendidos en el piso. Fue tan repentino que para cuando el personal de seguridad llegó a detener el tumulto, ya era tarde. El loco le arrancó la cabeza de un tirón, le desgarró el cuello de un puro ataque de adrenalina, y con nada más que sus propias manos. Y lo peor no fue ser testigo de eso, si no cuán inesperado fue ver que de su cabeza no chorreó sino un manojo de cables que comenzaron a chispear y en cuestión de segundos se apagaron las luces de sus ojos.

El vago quedó estupefacto, quizás tanto por la facilidad con la que pudo decapitarlo como de lo que encontró al hacerlo. El personal se encargó de limpiar el asunto en seguida, y al cabo de segundos no había más que el recuerdo de sus figuras revelándonos el terror. Después nos juntaron a todos de vuelta y emitieron un mensaje de disculpa, diciendo que ese espécimen era el único en la nave. Un prototipo. Qué casualidad que justo ese que nuestro compañero había atacado fuera un prototipo. No, a nosotros no nos van engañar. Y yo y mi grupo captamos algo más, y hemos estado corriendo la voz desde entonces. Ahora todos quieren sumarse. Les contamos que todos los funcionarios actuaron raro en el momento del ataque, y todos coincidimos en que han estado actuando extraño desde entonces. Se notó que dudaron al actuar, que titubearon y vacilaron todos al mismo tiempo. Los mandamases tardaron en hacerlos responder. No había sido solo un experimento. No existe solo ese prototipo. Todos los malditos funcionarios y oficiales de esta nave endemoniada…son robots.

(Sigue en la página 93)


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