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sábado, 30 de mayo de 2020

PÁGINA 60

...personas, aunque tienen cuidado en establecer números exactos. Endulzan sus declaraciones explicando que cada persona en hipersueño está sumamente cómoda, que sus 'estaciones de sueño' fueron diseñadas ergonómicamente para garantizar una estadía sana y reconfortante y bla, bla, bla. Se las ingenian para usar el poder de las palabras de la misma manera que utilizan su poder sobre todo lo demás. Tienen una manía por el poder que me sorprende. Me dan asco.

Los funcionarios se portan como idiotas. Se hacen los mucamos, los que están a nuestra disposición. Les falta limpiarme entre los dedos de los pies y leerme un cuento antes de ponerme a dormir todas las noches. Son insoportables. Obvio que exagero un poco, nunca nos tocan más de lo necesario. Evitan todo contacto físico, pero sí son entrometidos en cuanto a presencia permanente, invasión del espacio personal y su pesadísima personalidad colectiva. Son todos iguales, parece que les hubieran lavado el cerebro. Imagino ojos robóticos ahora en las esquinas...pero bueno, se me va a pasar. Es cuestión de que otra cosa me preocupe más que esa y cambie de tormento, nada más.

Ha estado muy tranquilo. Dentro de nosotros surge una especie de sentimiento revolucionario. Es obvio, es casi natural en el hombre el querer odiar algo. Nosotros los odiamos a ellos, ellos nos odian a nosotros, pero nosotros vamos a seguir el juego hasta que se nos termine. La travesura perversa que nos proponen no es más que otro entretenimiento, uno que parece más real. Podríamos elegir no jugarlo, rendirnos y echarnos a dormir unos largos añitos, pero a veces imagino qué pasaría si lo hiciéramos y se me ponen los pelos de punta. Hasta se me ocurrió pensar que el holocausto fue adrede. Si este experimento fallara (el de estudiar a sujetos despiertos mientras los demás seres humanos sobrevivientes a este supuesto, hibernan); ¿no serían capaces de despertar a otros con tal de ponerlos bajo estudio también? No es algo tan descabellado de pensar: una larga explicación llena de palabras, un lavado de cerebro y listo. Ya tendrían nuevos conejillos de indias que vigilar.

Estas ideas son peligrosas, pero a veces tenemos...tengo que correr estos riesgos. No considerar algo de lo que pueda llegar a pasar es no estar preparado para ello, y ese es un lujo que no podemos darnos. Ni siquiera aunque corra riesgo nuestra salud mental. Ya ni sé lo que tenemos y no tenemos hacer...pero algo que no haré será rendirme. Esto no se acabará hasta que se acabe.

Como última cosa que podría recalcar...en un tono más feliz y más simpático...es que le robé un beso al Cora. Fue un arrebato, bastó que me mirara a los ojos cuando de casualidad chocamos en un pasillo en una salida para estirar las piernas, y de tenerlo tan cerca no me pude resistir. Pasó hace dos días, y no pude pensar en otra cosa más importante desde entonces. Que algo tan sutil me desvíe de mis ideales suena adolescente, pero...es embriagador. Le llevo apenas cinco años...casi nada. Y menos en este viaje de mierda. Acá no importa el tiempo y no me importaría pasarlo con él...pero si me enloquece con solo un beso y una posterior huida, me enloquecerá con lo que sea. Y yo que creía que enloquecería por algo más serio...que inocente que fui. Hay muchas cosas que se escapan de mi vista, pero no creí que alguna vez desearía con tanto fervor que él no lo hiciera nunca más. Ya veremos qué pasa.

Fíjense la cursilería de la que hablo, a veces me sorprendo a mí mismo. Ojos en el premio, Andrés...ojos en el premio.


(Sigue en la página 70)

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