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sábado, 30 de mayo de 2020

PÁGINA 45

(Viene de la PÁGINA 36)                                                                 

 

La conductora levantó las cejas ante la decisión tomada y amablemente les obsequió agua y algo de comida. Respecto a la indicación, lo que dijo antes de desaparecer en el horizonte a toda velocidad fue:

—Si buscaban una salvación, acaban de rechazarla. Pero si lo que querían era una salida del desierto…algo distinto a esta infinidad, sigan mis huellas hacia atrás. Eso sí, en caso de que la suerte los haga volver a empezar…dense la oportunidad de otro final.

Reflexionando en esa sentencia, el dúo caminó algo arrepentido, algo confundido. Las huellas del vehículo continuaron hacia su origen por el espacio en que les duraron las provisiones, y pronto los guiaron hacia un pozo. El jeep parecía haber salido del mismo subsuelo, invitándolos a caer a un abismo. Antes de tener algo que dudar o discutir, un temblor sacudió la arena lindante hacia el interior de infinito, y de esa oscuridad emergió una gigantesca gusarpiente de incontables colmillos, haciendo llover granos dorados, amenazándolos con un gutural rugido tan inmenso como las dunas eran distantes.

Huyeron de la salvaje amenaza lo más rápido que se los permitieron los pies, pero su extensión era interminable. Desde las alturas, su boca apuntó a su dirección y se arrojó en picada, engulléndolos de un bocado. Lo que experimentaron luego fueron sensaciones encontradas: el olor fétido de las entrañas de la criatura, ser deglutidos por las viscosas sustancias que comenzaron su descomposición, el ardor de los ácidos estomacales, y estar cubiertos por una fina capa de tejido blando que no se correspondía a lo inhóspito de una digestión inesperada. Lo que le hizo a Alan abrir los ojos fue encontrarse en posición horizontal peleando con la repugnancia del interior de la bestia, pero al hacerlo se encontró en su cama, tapado con una sábana pero aún con la sensación vívida de haber sido tragado. Cuando respiró agitadamente y se tranquilizó lo suficiente, creyendo que todo había sido producto de su imaginación, descubrió su cuerpo para hallarlo empapado en mucosidad amarillenta y caliente, deslizándose ahora hacia el colchón e impregnándolo de olor a tripas y vapores gusanos.

 


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