El joven simplemente
buscaba hacer su propia vida. Hace un año que vivía solo en un pequeño
departamento, y tras buscar en lugares recónditos, encontró una cómoda vivienda
en los límites de la ciudad, en la cual podría descansar y estudiar. Una semana
después de arreglar las cosas con la inmobiliaria, Alan comenzó su mudanza, y
sus padres aceptaron en ayudarle a mover sus cosas.
Su padre llevaba una caja
con libros clásicos hacia el comedor, mientras su madre tiraba una caja de ropa
al suelo para abrazar y besar a su hijo. En el umbral de la puerta junto a su
tan querido retoño, su madre sonrió y le hizo prometer que se cuidaría y que a
cualquier urgencia, problema o noticia la llamaría al instante. Cuando se hubo
despedido de su padre también, y tras prometerle que cenarían juntos muy
pronto, los padres de Alan se fueron, y él siguió ordenando sus cosas durante
esa tarde de naturaleza muerta. Lo primero que hizo fue conectar el equipo de
música, sacarse los zapatos, y empezar a acomodar todo en su lugar, tal como le
gustaba. Al cabo de un rato, tras correr unas cajas, se encontró con algo que
él no recordaba haber poseído en su departamento, ni mucho menos haber visto
alguna vez. Ni siquiera venía con la casa.
—Cuando tu bisabuelo murió
lo dejó para nosotros en su testamento, pero como nos habíamos comprado uno
hacía poco, nunca lo usamos y lo guardamos en el altillo. Sabía que no tenías
uno más que el del baño, así que te lo trajimos. Se me debe haber pasado
comentártelo.
El chico lo puso en el
comedor, colgando de un clavo, y allí reposó normalmente, sin valor alguno para
el muchacho salvo por su utilidad instrumental. El fin de semana pasó, y el
muchacho se había instalado sin el menor problema. Pronto estuvo acostumbrado a
su casa, y cuando no estudiaba, dejaba entrar la luz y alimentaba su melomanía
en el pequeño patio repleto de flores que tenía atrás de su casa.
Pronto las semanas
pasaron. El joven llevaba a amigos a su casa durante rara ocasión, era más la
clase de chico que se dedicaba cada mañana a despertar, prepararse un café, y
mirar las noticias comiendo galletitas dulces hasta la hora de irse. Al poco
tiempo, se dio cuenta de que el comedor era la habitación más fría de la casa,
aunque desconocía el porqué, ya que era la más iluminada de todas.
Un día, luego de hacer su
rutina matutina, cuando estaba a punto de irse y mientras se tapaba el cuello
con una bufanda kilométrica, algo le pareció que cruzó la habitación (según
miró en el espejo). Fue una ráfaga de algo blanco, que le pareció que se
deslizó a su lado a una velocidad fugaz. Creyó que era su imaginación, y cuando
se dio vuelta, restándole importancia; seguía creyéndolo hasta que de reojo
notó un movimiento inusual. El espejo se estaba balanceando suavemente de
derecha a izquierda en la pared, como si alguien se lo hubiese chocado.
(Sigue en la página siguiente)
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