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miércoles, 8 de enero de 2020

PÁGINA 9

(Viene de la página 8)                                                                                  

           

Alan abrió sus ojos lentamente. Se hallaba en su cama, tal como si nada hubiera pasado. Contento de que haya sido todo un horrible sueño, estiró sus piernas y abrazó fuertemente su almohada, deseando dormir un poco más. Según recordaba era sábado, no tenía que preocuparse por nada ese día.

Lo que finalmente lo levantó de su cama fue la urgencia de ir al baño. Se levantó del lado derecho de la cama, lo cual e pareció raro, porque él nunca dormía de ese lado, aunque imaginó que la pesadilla lo habría hecho girar dormido. Descalzo, se puso de pie y recorrió su camino habitual hacia el baño.

Al llegar a donde debería empezar el pasillo, se topó con una pared. Esto lo extrañó, esa pared —dónde estaba la ventana y la luz comenzaba a llegar— debía estar del otro lado de la habitación. Al girar, se encontró con que la habitación entera había cambiado. Todo estaba al revés. Su mente buscó rápidamente una respuesta, y halló entre sus nuevos pensamientos, una frase que le pareció la más acertada…

—Es tal y como si la mirara desde un espejo—se dijo. No le pudo dar más rodeos. El sueño había ocurrido realmente.

Abrumado por su conclusión, lo primero que hizo fue ir hacia el comedor, y encontró una escena algo extraña. Se vio a sí mismo desayunando en un comedor que era exactamente igual al de su casa, solo que completamente al revés. Al verlo, su reflejo le sonrió y le señaló una silla. Alan, al comprender más o menos las cosas, lo suficiente como para serenarse y entablar una conversación, se sentó. El otro siguió tomando su café con masitas dulces como si nada ocurriera, hasta que el real le preguntó algo, tratando de que el otro dejara de pretender que era otro día común:

— ¿Qué sucedió?

El otro instantáneamente y sin despegar los ojos de su café le señaló con su brazo una pared vacía, a su derecha. Donde antes se alojaba el espejo, ahora misteriosamente desaparecido, en su lugar la pared yacía desnuda y lisa, con más preguntas que respuestas.
Alan encontró tan extraño el hablarse a sí mismo, al verse allí, como siendo otra persona, que no pudo evitar interrogarlo.

— ¿Qué…qué sos? ¿Sos...real?—y sin pensarlo dos veces, el otro asintió fervientemente.

— ¿No son un sueño o un espejismo?—le dijo, mientras obtenía dudas como respuesta. La mente de Alan comenzaba a incorporar tanta nueva información pesada e importante, que tuvo que contenerse de no pellizcarse y encontrar que todo ello era verdaderamente su inconsciente.

— ¿No podés hablar?—le preguntó, cayendo en la cuenta de que solo le había hecho señas hasta el momento, incluso cuando no estaba con la taza en la boca. El otro le dirigió una mirada directa a sus ojos, iguales hasta el último matiz de color en las pupilas, para negarle con la cabeza.

— ¿Cómo aparecimos acá...? ¿Qué es esto? Es...mi casa, sí que lo es, pero está completamente...al revés... ¿Estamos adentro del espejo o algo así?
Su contraparte asintió, como que era una opción probable. Al parecer, todo ello era obra del espejo, pero seguía sin comprender por qué éste no estaba allí, del otro lado, dispuesto a llevarlo de nuevo a dónde pertenecía.

 

(Sigue en la página siguiente)

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