(Viene de la página 8)
Alan
abrió sus ojos lentamente. Se hallaba en su cama, tal como si nada hubiera
pasado. Contento de que haya sido todo un horrible sueño, estiró sus piernas y
abrazó fuertemente su almohada, deseando dormir un poco más. Según recordaba
era sábado, no tenía que preocuparse por nada ese día.
Lo
que finalmente lo levantó de su cama fue la urgencia de ir al baño. Se levantó
del lado derecho de la cama, lo cual e pareció raro, porque él nunca dormía de
ese lado, aunque imaginó que la pesadilla lo habría hecho girar dormido.
Descalzo, se puso de pie y recorrió su camino habitual hacia el baño.
Al
llegar a donde debería empezar el pasillo, se topó con una pared. Esto lo
extrañó, esa pared —dónde estaba la ventana y la luz comenzaba a llegar— debía
estar del otro lado de la habitación. Al girar, se encontró con que la
habitación entera había cambiado. Todo estaba al revés. Su mente buscó
rápidamente una respuesta, y halló entre sus nuevos pensamientos, una frase que
le pareció la más acertada…
—Es
tal y como si la mirara desde un espejo—se
dijo. No le pudo dar más rodeos. El sueño había ocurrido realmente.
Abrumado
por su conclusión, lo primero que hizo fue ir hacia el comedor, y encontró una
escena algo extraña. Se vio a sí mismo desayunando en un comedor que era
exactamente igual al de su casa, solo que completamente al revés. Al verlo, su
reflejo le sonrió y le señaló una silla. Alan, al comprender más o menos las
cosas, lo suficiente como para serenarse y entablar una conversación, se sentó.
El otro siguió tomando su café con masitas dulces como si nada ocurriera, hasta
que el real le preguntó algo, tratando de que el otro dejara de pretender que
era otro día común:
—
¿Qué sucedió?
El
otro instantáneamente y sin despegar los ojos de su café le señaló con su brazo
una pared vacía, a su derecha. Donde antes se alojaba el espejo, ahora
misteriosamente desaparecido, en su lugar la pared yacía desnuda y lisa, con
más preguntas que respuestas.
Alan encontró tan extraño el hablarse a sí mismo, al verse allí, como siendo
otra persona, que no pudo evitar interrogarlo.
—
¿Qué…qué sos? ¿Sos...real?—y sin pensarlo dos veces, el otro asintió
fervientemente.
—
¿No son un sueño o un espejismo?—le dijo, mientras obtenía dudas como
respuesta. La mente de Alan comenzaba a incorporar tanta nueva información
pesada e importante, que tuvo que contenerse de no pellizcarse y encontrar que
todo ello era verdaderamente su inconsciente.
—
¿No podés hablar?—le preguntó, cayendo en la cuenta de que solo le había hecho
señas hasta el momento, incluso cuando no estaba con la taza en la boca. El
otro le dirigió una mirada directa a sus ojos, iguales hasta el último matiz de
color en las pupilas, para negarle con la cabeza.
—
¿Cómo aparecimos acá...? ¿Qué es esto? Es...mi casa, sí que lo es, pero está
completamente...al revés... ¿Estamos adentro del espejo o algo así?
Su contraparte asintió, como que era una opción probable. Al parecer, todo ello
era obra del espejo, pero seguía sin comprender por qué éste no estaba allí,
del otro lado, dispuesto a llevarlo de nuevo a dónde pertenecía.
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